Travesías de domingo

Los domingos son largas travesías por los libros, a merced de mapas caprichosos que a lo largo de las horas va dibujando el deseo. De esos viajes me quedan las voces cálidas de los escritores más queridos, las sorpresas de los descubrimientos, las complicidades siempre agradecibles, algunas huellas entrañables. Lo que no dejo correr por la espalda del tiempo aparece, quizás, en estas páginas.
24 de agosto de 2008
De la melancolía que tiñe los paisajes aldeanos de Pavese al dolor desgarrado de Paul Celan. Orfandades de la lengua. Así empiezo este domingo viajero. El Piamonte es de colinas ríspidas y personajes que se pasean con las manos a la espalda. Tristeza de final del día cubre los versos del poeta joven. Hubo tal vez historias, aventuras, hoy queda apenas un paisaje familiar y unas pocas palabras.

Una tarde caminamos por la falda de un cerro,
Silenciosos. En la sombra del tardo crepúsculo
Mi primo es un gigante vestido de blanco,
Que se mueve tranquilo, con la cara bronceada,
Taciturno. Callar es nuestra virtud.
Algún antepasado nuestro debió estar muy solo
- un gran hombre entre idiotas o un pobre loco –
para enseñar a los suyos tanto silencio.
(fragmento de “Los mares del sur” )

En algo me recuerdan, las páginas de Trabajar cansa (1936), al Erri de Luca montañista, solo en la soledad del paisaje. “El oficio de poeta” es el texto que acompañó la edición definitiva de este libro del piamontés. Me gusta leer lo que los escritores dicen de su propia obra, aunque a veces la conozcan menos que nadie. Hay algo de confesión en esas páginas que son a la vez construcción de un personaje ficticio: quien escribe se inventa, se funda en su propia escritura. Pavese busca hacer explícita su poética y, al mismo tiempo, dibuja trazos de su propia vida.

Empleé tres años en la composición del poemario. Tres años de jueventud y de descubrimientos, durante los cuales es natural que mi idea de la poesía y mis capacidades intuitivas hayan venido profundizándose.

Y después llegarán el amor y el desamor con uno de los títulos más hermosos que conozco: Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.

Eres la vida y la muerte.
Has venido en marzo
A esta tierra desnuda –
Su temblor permanece.
Sangre de primavera
- anémona o nube –
la levedad de tu paso
ha violado la tierra.
Recomienza el dolor.
(fragmento de “You, wind of March”)

Un 27 de agosto de 1950, Cesare Pavese, con cuarenta y dos años, se quitará la vida.
1.
Había un río. Un muelle. El sol que se reflejaba en el agua marrón. Los nombres prendidos con alfileres o atados con hilos resecos.
Olor de maderas enmohecidas. Humedad.
Hubo quizás cuerpos, quizás pieles tibias o abrazos.
Un muelle. Nada más lejano al calor pegajoso con el que soñaba cada noche.
Como otros sueñan con su propio rostro (lo han escrito ya demasiadas veces).
Dicen que el caracol que habita en su oído traicionó los principios. Dicen que tambaleante avanzaba por la orilla. Que se dormía acurrucado bajo las hojas que son tierra que son ceniza que son huesos.
Que son ceniza.

2.
¿Tendré que volver a hablar de naufragios? ¿De amaneceres blancos sobre el agua? ¿Tendré que contar una vez más que resuenan otras voces en su propio laberinto?

3.
Pero todo podría resumirse en unas pocas imágenes. Le resultan escurridizas, borrosas. El calor pegajoso. El olor del río por la mañana.
Hubo quizás cuerpos.
Ramas caídas. Los nombres prendidos con alfileres.
Alguien habló de rituales. Tal vez. Las palabras se inclinan hasta caer del lado de ese sueño que se repite. Cubierto de cenizas. El humo pertenece a otra escena. La pesadilla lo incorpora. Con el calor. La madera enmohecida.
Camina tambaleante. Su propio oído es la madeja de un bullicio ajeno. De los murmullos que van tejiendo las moscas de alas transparentes y suspiros estivales.

4.
Finalmente todo es parte de una misma historia. También los sueños pegajosos. Los nombres atados con hilos resecos. Las moscas de alas transparentes.
Los huesos.
El humo que sube como si no pesaran el calor y el moho.
De una misma historia tambaleante. Que se inclina hasta caer por su costado. El de los murmullos.
Alguien habló de rituales. Si el calor no se pegara a la piel. Si los olores no llegaran desde el río. Si las moscas veneraran el silencio.

agosto 2008