Protesta y dolor en 72 palabras

Por favor, asómense a este proyecto colectivo - iniciado por Rossana Reguillo - para empezar a crear juntos otro México

El 26 de agosto de 2010 se hizo pública la masacre de 72 personas migrantes, mujeres y hombres, menores de edad, en México. La tragedia colocó al centro del debate público, la fallida estrategia del Estado Mexicano en su lucha contra el narcotráfico. Se asumió como verdad incuestionable que “los Zetas” eran los perpetradores de esa masacre; no se cuestionó la versión oficial, como en muchas otras ocasiones. Pero más allá, de la falta de información veraz y oportuna, estas 72 personas movilizaron las fibras y raíces de la solidaridad. Un movimiento “negro”, enlutado acompañó a los jinetes de las redes cibernéticas. Hoy, los blogueros, hartos de una espiral de violencia, hacemos nuestros estos pensamientos colectivos, producto de esa inteligencia viral y política que se gesta en el ciberespacio. Alto a la violencia, alto a las muertes, alto a la impunidad.
Por los 72 migrantes masacrados y los que fueron antes; por los más de 28 mil muertos en la llamada “guerra” contra el narco, por las madres en Ciudad Juárez, en Tamaulipas, en Monterrey, en Sinaloa; por nuestra geografía fracturada; por los niños a la deriva; por el silencio, por el estruendo, porque estamos cansados, venimos a decir basta. Somos muchos y esta es nuestra voz y nuestra mirada

Los textos siguen en:
Viaducto Sur / Blog de Rossana Reguillo: Protesta y dolor en 72 palabras. Plegaria de la sangre

Invitación

En busca del cuento perdido

Siempre ha existido riqueza creativa; ahora no es la excepción, dice Sandra Lorenzano

“La actual apertura literaria en el país no se debe a la política cultural”

En junio pasado, la escritora y vicerrectora de la UCSJ puso en marcha En busca del cuento perdido, especie de taller de lectura y escritura radial, que se transmite en varias emisoras del Imer

Ericka Montaño Garfias

Periódico La Jornada
Lunes 30 de agosto de 2010

En México existe una riqueza creativa en términos de edad, de perspectivas, de voces, de temas, y su mundo literario se ha abierto, con trabajo, quizá, a voces diferentes, afirma la escritora Sandra Lorenzano, quien desde junio pasado puso en marcha el programa de radio En busca del cuento perdido, que funciona como taller de lectura y escritura, y que se transmite los lunes a través de frecuencias del Instituto Mexicano de la Radio (Imer).

Lorenzano, vicerrectora de la Universidad del Claustro de Sor Juana (UCSJ), donde coordina también el Programa de escritura creativa, habla en entrevista de lo que ocurre con la literatura en nuestro país.

“México ha sido desde siempre riquísimo en términos literarios y con una diversidad de propuestas. Siempre ha sido así y no creo que en este momento sea la excepción. Para empezar, ahora estamos conviviendo varias generaciones: escritores que nacieron en los años 80, por ejemplo, con escritores como Carlos Fuentes, que ya tienen más de 80 años y siguen produciendo.”

El panorama de la literatura mexicana se ha abierto a la realizada por mujeres, por ejemplo, añade la autora de Aproximaciones a Sor Juana y la novela Saudades. “Ya hay muy buena literatura de mujeres; en algún momento teníamos pocas voces femeninas, y quizá más convencionales. Ahora hay cosas muy propositivas de mujeres y hombres, de gente de la frontera, literaturas en lenguas indígenas”.

Esta apertura, explica, forma parte de la riqueza de la cultura del país, “no es porque la política cultural haya dicho: ‘vamos a tener muchos escritores y muchas voces’; nada qué ver. Hay que reconocer que México es uno de los pocos países de América Latina que apoya a sus creadores, ese es uno de los grandes logros; pero si en algo es fuerte el país es en cultura, por eso de pronto te preguntas cómo es que no se dan cuenta de que tienen que apoyar más a la cultura, si es aquello cuyo rostro nos permite quedar bien en el mundo”.

La catedrática, editora y ensayista sostiene que la heterogeneidad de la sociedad mexicana “ha favorecido un desarrollo maravilloso de la creatividad”; pero “eso es una cosa, y lo otro es lo que ocurre con el mercado: no necesariamente esta riqueza creativa se refleja en una riqueza favorecida por él.

En busca del cuento perdido es un espacio que acerca la literatura a gente que de otro modo no podría allegarse a ella, afirmó la conductora en entrevistaFoto Guillermo Sologuren
“El mercado tiene ciertas líneas que en este momento pesan más que otras; por ejemplo, una de las más fuertes en la actualidad –no creo que dé para mucho más, creo que se va a agotar– es la de la literatura vinculada con la violencia. Hay un auge de esa literatura, de la narcoliteratura, de violencias de distinto tipo, de género, los crímenes de Ciudad Juárez. Existe la violencia y están los escritores que hablan de eso, pero no es lo único.

“Tendríamos que propiciar también un diálogo entre el mercado editorial, el literario, las revistas y los creadores. Cuanto más se pueda dar a conocer la riqueza de la producción literaria y artística mexicana desde el mercado, mucho mejor, para no encasillarnos en nosotros mismos, para que no crean los escritores que tienen que abordar ese tema para que los publiquen; me parece que de todas formas entras a cualquier librería mexicana.”

Sin embargo, subraya, también hacen falta más librerías y mejores redes de distribución.

Por eso, espacios como En busca del cuento perdido “te permiten llegar a gente que a lo mejor no tiene la posibilidad de acercarse a la literatura de otra manera. Esa sí tendría que ser una preocupación tanto de nosotros, como creadores, como de los medios y del mercado, y sin duda del Estado: ¿cómo hacemos para que la gente tenga mayor acceso a los bienes simbólicos que llegan a través de la cultura? Esta es una sociedad muy desigual, no sólo en términos económicos, sino también de distribución de los bienes simbólicos”.

En busca del cuento perdido se transmite los lunes a las 15 horas en Horizonte 107.9 de FM en la ciudad de México. En Radio IMER 540 de AM en Comitán, Chiapas, y en el 106.7 en Ciudad Juárez, Chihuahua. Para mayor información puede visitar la página www.horizonte.imer.mx

http://www.jornada.unam.mx/2010/08/30/index.php?section=cultura&article=a10n1cul

La gitanita



Los invito a leer mi artículo de esta semana en El Universal

La gitanita - El Universal - Editoriales

Se oían murmullos, voces apagadas. De pronto algún grito o llanto. Era una noche fría de finales de otoño. Junio, tal vez, allá, al sur de todos los sures. Acababa de pasar el carnaval en que yo me disfracé de gitana y Pablo de pirata. Todavía me acuerdo del color de la falda que mamá me puso, de los enormes aretes rojos que iban con broche (y que me dejaron los lóbulos del mismo color por varias horas) y del maquillaje -obra de mi abuela paterna, porque la austeridad de mi madre hacía que en su estuche de pinturas no hubiera ningún bilet rojo fuego, digno del disfraz-. También me acuerdo de que en ese carnaval descubrí mi incapacidad para disfrutar de las fiestas. Mientras Pablo corría con su parche en el ojo mojando a la gente o echándole “nieve” en aerosol, yo me quedé sentada mordiendo la medallita que tenía colgada. La hice pedazos. Ya desde ese momento y hasta el día de hoy, no sé qué hacer cuando estoy con mucha gente, ni qué decir, ni como parecer tan alegre, simpática e inteligente como los demás. Siempre he sido un poco (mucho) “sapo de otro pozo”. La adolescencia se convirtió, como podrán imaginarse, en una pesadilla.

Pero mejor empiezo de otra manera: Se dice que en la Argentina hay alrededor de 300 mil gitanos, o miembros de la etnia romaní, o rhom que significa “hombre que hace música”. La mayor parte de ellos tiene una situación económica precaria, vive en carpas y se mezcla poco con la población local. Los romaní son un grupo más de los miles de inmigrantes que llegaron al país entre fines del siglo XIX y principios del XX. Víctimas de los prejuicios y la discriminación son uno de los blancos favoritos de los gobiernos más autoritarios y retrógrados. Pienso en la Alemania nazi, o en las atroces fotografías que hemos visto en los últimos días de su expulsión de Francia e Italia. Hace una semana me invadió el odio más absoluto cuando vi la imagen de un policía francés que empujaba violentamente por la espalda a una mujer gitana y le agarraba los senos. La mujer aparecía trastabillando, indefensa, llorando y rodeada por policías sonrientes. Recordé los testimonios de las mujeres de Atenco, recordé a una de las presas de Guanajuato a quien todas las noches la violaba un vecino delante de la familia, recordé los escalofriantes relatos que reunió Lydia Cacho en su libro Esclavas del poder, recordé el Informe sobre Violencia de Género publicado por la SEP, en el miedo de un porcentaje altísimo de nuestras adolescentes a salir al patio de la escuela o a ir al baño solas. En fin, recordé por qué –más allá de teorías posmodernas– soy feminista, por qué pienso que hay que defender el respeto y la tolerancia contra viento y marea. Y recordé, por supuesto, aquellos murmullos que invadieron mi infancia una noche fría de finales de otoño en la que la muerte y la discriminación se dieron la mano.
Horas antes de comenzar a escuchar los llantos que venían del pedacito de jardín que había delante de mi casa, había caído una brutal tormenta. Cuando aún se oían algunos truenos lejanos, llegó un grupo de gitanos –hombre y mujeres– buscando a mi padre. De entre todos los médicos de la zona, él era el único que los aceptaba como pacientes. Muchas veces había visto yo salir a los demás de la sala de espera en el momento en que entraban esas mujeres de pañuelo en la cabeza, faldas coloridas y cadenas doradas. Ese día traían cargando el cuerpo de una gitanita de 15 años, en el que un rayo había grabado su condena. Papá confirmó la noticia que ellos ya conocían. Fue imposible lograr esa noche de horror que alguna funeraria recibiera el cuerpo para poder velarlo. Ni la muerte evita los prejuicios ni la exclusión que pesa sobre los gitanos. Así que el velorio se hizo en ese pequeño jardín. Allí se instalaron los tíos, los primos, los padres y hermanos convirtiéndonos en testigos de su dolor. El cuerpo marcado -que quizás con el tiempo se hubiera parecido al de la mujer humillada por la policía francesa– estaba en un sillón de la salita, rodeado de velas.

Era una noche fría de finales del otoño. Yo tenía seis años y la gitanita, quince.

(En este enlace está la foto de la gitana expulsada en Francia: http://www.jornada.unam.mx/2010/08/21/

"El libro no morirá": Umberto Eco


Vale la pena darle una mirada a este fragmento del nuevo libro de Umberto Eco; un diálogo entre él mismo y Jean-Claude Carrière llamado Nadie acabará con los libros y publicado por Random House Mondadori.


Ouverture: el libro no morirá

Publicado en la Jornada, 7 de agosto de 2010

Umberto Eco La supuesta desaparición del libro en su formato tradicional ha sido el tema de numerosos debates entre especialistas y amantes de la lectura. En el volumen Nadie acabará con los libros, Umberto Eco y Jean-Claude Carrière participan en esta discusión a lo largo de 272 páginas. Publicado por la editorial Lumen, está formado por una serie de entrevistas realizadas por Jean-Phlippe de Tonac e imágenes de André Kertész, se dividen en 15 capítulos, en los cuales Carrière, autor de guiones de películas clásicas, y Eco, filósofo, medievalista y escritor quien publicará su nueva novela El cementerio de Praga a fin de año, hablan no sólo del futuro del libro en papel, sino también de su pasión por los libros, sus lecturas, sus bibliotecas, su hechura como lectores. Nadie acabará con los libros se encuentra ya en venta y, a continuación, ofrecemos a nuestros lectores un adelanto de esa obra con autorización del sello Random-House Mondadori

JEAN-CLAUDE CARRIÈRE: durante la última cumbre de Davos, en 2008, se le preguntó a un futurólogo sobre los fenómenos que alterarían a la humanidad en los próximos 15 años y éste propuso que se consideraran esencialmente cuatro, que le parecían seguros. El primero, que un barril de petróleo costaría 500 dólares. El segundo concernía al agua, destinada a convertirse en un producto comercial de intercambio exactamente como el petróleo; en fin, que veremos las cotizaciones del agua en la Bolsa. La tercera previsión atañía a África, que en las próximas décadas, según el futurólogo, se convertiría con toda seguridad en una potencia económica, un hecho que todos esperamos.

El cuarto fenómeno, según este profeta profesional, era la desaparición del libro.

A estas alturas, por lo tanto, se trata de saber si la desaparición definitiva del libro, si de verdad llegara a producirse, podría entrañar para la humanidad las mismas consecuencias que la penuria programada del agua, por ejemplo, o que la inaccesibilidad del petróleo.

UMBERTO ECO: ¿El libro desaparecerá a causa de la aparición de Internet? Escribí sobre este tema hace tiempo, es decir, cuando la pregunta parecía pertinente. A estas alturas, cada vez que alguien me pide que me pronuncie al respecto, no puedo sino repetir el mismo texto.

Nadie acabará con los libros

En cualquier caso, nadie se da cuenta de que me repito, porque no hay nada más inédito que lo que ya se ha publicado y, además, porque la opinión pública (o por lo menos los periodistas) tienen siempre la idea fija de que el libro desaparecerá (o quizá los periodistas piensan que son los lectores los que tienen esa idea fija) y todos formulan incansablemente la misma pregunta.

En realidad, hay poco que decir al respecto. Con Internet hemos vuelto a la era alfabética. Si alguna vez pensamos que habíamos entrado en la civilización de las imágenes, pues bien, el ordenador nos ha vuelto a introducir en la galaxia Gutenberg y todos se ven de nuevo obligados a leer. Para leer es necesario un soporte. Este soporte no puede ser únicamente el ordenador. ¡Pasémonos dos horas leyendo una novela en el ordenador y nuestros ojos se convertirán en dos pelotas de tenis! En casa, tengo unas gafas Polaroid que me permiten proteger los ojos de las molestias de una lectura constante en pantalla, pero no es una solución suficiente. Además, el ordenador depende de la electricidad y no te permite leer en la bañera, ni tumbado de costado en la cama. El libro es, a fin de cuentas, un instrumento más flexible.

Ante la disyuntiva, hay una sola opción: o el libro sigue siendo el soporte para la lectura o se inventará algo que se parecerá a lo que el libro nunca ha dejado de ser, incluso antes de la invención de la imprenta. Las variaciones en torno al objeto libro no han modificado su función, ni su sintaxis, desde hace más de 500 años. El libro es como la cuchara, el martillo, la rueda, las tijeras. Una vez que se han inventado, no se puede hacer nada mejor. No se puede hacer una cuchara que sea mejor que la cuchara. Hay diseñadores que intentan mejorar, por ejemplo, el sacacorchos, con resultados muy modestos: la mayoría de ellos no funciona. Philippe Starck intentó mejorar el exprimidor, pero su modelo (para salvaguardar una determinada pureza estética) deja pasar las semillas. El libro ha superado sus pruebas y no se ve cómo podríamos hacer nada mejor para desempeñar esa misma función. Quizá evolucionen sus componentes, quizá sus páginas dejen de ser de papel. Pero seguirá siendo lo que es.

J.-C.C.: Parece que el libro electrónico, en sus últimas versiones, le hace la competencia directa al libro escrito. El modelo Reader contiene ya 160 sesenta títulos.

U.E.: Es evidente que un juez se llevará a casa con mayor facilidad las 25 mil páginas de escritos de un proceso en curso si las guarda en un libro electrónico. En muchos campos, el libro electrónico será cómodo, pero en circunstancias de uso no corrientes. Yo simplemente sigo preguntándome si, incluso con la tecnología más adecuada a las exigencias de la lectura, será de verdad mejor leer Guerra y paz en un libro electrónico. Ya veremos. En cualquier caso, no podremos seguir leyendo a Tolstói y todos los libros impresos en pasta de papel, porque éstos ya han empezado a descomponerse en nuestras bibliotecas.

Los Gallimard y los Vrin de los años 50 en su mayoría ya han desaparecido. La filosofía de la Edad Media de Gilson, que me resultó tan útil en la época en que preparaba mi tesis, hoy ni siquiera puedo cogerla. Las páginas se disgregan, literalmente. Podría comprar otra edición, desde luego, pero le tengo mucho apego a la mía antigua, con todas mis anotaciones de distintos colores que configuran la historia de mis diversas consultas.

JEAN-PHILIPPE DE TONNAC: Con la aparición de nuevos soportes, cada vez más adecuados empíricamente a las exigencias y al confort de la lectura, ya se trate de enciclopedias o de novelas online, ¿por qué no imaginar una lenta desafección hacia el objeto libro en su forma tradicional?

U.E.: Todo puede pasar, desde luego. Cabe que los libros mañana interesen sólo a una minoría de indómitos que podrían ir a satisfacer su curiosidad nostálgica en los museos, en las bibliotecas…

J.-C.C.: De seguir existiendo.

U.E.: Pero también podemos imaginar que esa formidable invención que es Internet desaparezca en un futuro. Exactamente como los dirigibles desaparecieron de nuestros cielos. Cuando el Hindenburg se incendió en Nueva York, poco antes de la guerra, el dirigible ya no tenía futuro. Lo mismo sucedió con el Concorde: el accidente de Gonesse en el año 2000 resultó mortal. En cualquier caso, esa es una historia extraordinaria: se inventa un avión que, en lugar de tardar ocho horas en atravesar el Atlántico, tarda tres. ¿Quién podría rebatir semejante progreso? Pues bien, se renuncia al Concorde, tras la catástrofe de Gonesse, estimando que ese avión resulta demasiado caro. ¿Es una razón seria? ¡También la bomba atómica sale carísima!

J.-P.T.: Les cito unas observaciones que hacía Hermann Hesse a propósito de una probable “relegitimación” del libro que, según su opinión, sería consecuencia de los progresos técnicos. En los años 30, Hesse afirmaba: “Cuanto más se satisfagan con el tiempo ciertas necesidades populares de entretenimiento y enseñanza a través de otros inventos, más recuperará el libro su dignidad y autoridad... No hemos alcanzado todavía el punto en el que los nuevos inventos rivales, como la radio, el cine, etcétera, descarguen al libro de esa parte de sus funciones que no merecen la pena”.

J.-C.C.: En este sentido no se equivocaba. El cine y la radio, así como la televisión, no le han quitado nada al libro, nada que no pudiera perder “sin daños”.

U.E.: En un momento determinado los hombres inventan la escritura. Podemos considerar la escritura como la prolongación de la mano, y en este sentido tiene algo casi biológico. Se trata de una tecnología de comunicación inmediatamente vinculada al cuerpo. Una vez inventada, ya no puedes renunciar a ella. Una vez más, es como haber inventado la rueda. Las ruedas de hoy siguen siendo las de la Prehistoria.

Al contrario, nuestras invenciones, cine, radio, Internet, no son biológicas.

J.-C.C.: Tiene razón en subrayarlo: nunca hemos tenido más necesidad de leer y escribir que en nuestros días. No podemos siquiera usar un ordenador si no sabemos leer y escribir. Y, además, de una forma más compleja que antaño, porque hemos integrado nuevos signos, nuevas claves. Nuestro alfabeto se ha ampliado. Resulta cada vez más difícil aprender a leer. Si nuestros ordenadores pudieran transcribir directamente lo que decimos, se produciría un regreso a la oralidad. Claro que esto plantea una nueva cuestión: ¿es posible expresarse sin saber leer ni escribir?

U. E.: Homero respondería sin ningún género de duda que sí.

J.-C.C.: Pero Homero pertenece a una tradición oral. Sus conocimientos los adquirió a través de esa tradición, en una época en que todavía nada se había escrito en Grecia. ¿Se puede imaginar hoy a un escritor que dicte su novela sin la mediación de la escritura y que no conozca nada de la literatura que lo ha precedido? Quizá su obra tendría la fascinación de la naïveté, del descubrimiento, de lo inaudito. Pero, en todo caso, parece que carecería de lo que nosotros, a falta de un término mejor, llamamos “cultura”. Rimbaud era un joven dotadísimo, autor de versos inimitables. Pero no era lo que llamamos un autodidacta. A sus 16 años, su cultura ya era clásica, sólida. Sabía componer versos latinos




La Jornada: Ouverture: el libro no morirá

Escribir


"Un escritor es algo extraño. Es una contradicción y también un sinsentido. Escribir también es no hablar. Es callarse. Es aullar sin ruido. Un escritor es algo que descansa, con frecuencia, escucha mucho. No habla mucho porque es imposible hablar a alguien de un libro que se ha escrito y sobre todo de un libro que se está escribiendo. Es imposible. Es lo contrario del cine, lo contrario del teatro y otros espectáculos. Es lo contrario de todas las lecturas. Es lo más difícil. Es lo peor. Porque un libro es lo desconocido, es la noche, es cerrado, es eso. El libro avanza, crece, avanza en las direcciones que creíamos haber explorado, avanza hacia su propio destino y el de su autor, anonadado por su publicación: su separación, la separación del libro soñado, como el último hijo, siempre el más amado".

Marguerite Duras

"Días de calma"


Poema en audio: Día de calma de Luis García Montero por Luis García Montero

Noche de sábado


Qué maravilla escuchar a Octavio Paz hablando sobre Marcel Duchamp y Joseph Cornell.

Éste es el poema con el que cerró el programa:

OBJETOS Y APARICIONES

A Joseph Cornell

Hexaedros de madera y de vidrio
apenas más grandes que una caja de zapatos.
En ellos caben la noche y sus lámparas.

Monumentos a cada momento
hechos con los desechos de cada momento:
jaulas de infinito.

Canicas, botones, dedales, dados,
alfileres, timbres, cuentas de vidrio:
cuentos del tiempo.

Memoria teje y destejo los ecos:
en las cuatro esquinas de la caja
juegan al aleleví damas sin sombra.

El fuego enterrado en el espejo,
el agua dormida en el ágata:
solos de Jenny Lind y Jenny Colon.

"Hay que hacer un cuadro", dijo Degas,
"como se comete un crimen". Pero tú construiste
cajas donde las cosas se aligeran de sus nombres.

Slot machine de visiones,
vaso de encuentro de las reminiscencias,
hotel de grillos y de constelaciones.

Fragmentos mínimos, incoherentes:
al revés de la Historia, creadora de ruinas,
tú hiciste con tus ruinas creaciones.

Teatro de los espíritus:
los objetos juegan al aro
con las leyes de la identidad.

Grand Hotel Couronne: en una redoma
el tres de tréboles y, toda ojos,
Almendrita en los jardines de un reflejo.

Un peine es un harpa
pulsada por la mirada de una niña
muda de nacimiento.

El reflector del ojo mental
disipa et espectáculo:
dios solitario sobre un mundo extinto.

Las apariciones son patentes.
Sus cuerpos pesan menos que la luz.
Duran lo que dura esta frase.

Joseph Cornell: en el interior de tus cajas
mis palabras se volvieron visibles un instante.