Uno de mis poetas más amados: José Ángel Valente

Ahora no tienes, corazón, el vuelo...
Ahora no tienes, corazón, el vuelo
que te llevaba a las más altas cumbres.
Lates, reptante, entre las hojas secas
del amarillo otoño.
¿Y hasta cuándo en la secreta larva de ti?
¿ Volverás a nacer en la mañana,
a respirar la frialdad del aire
donde hay un pájaro?
                                              ¿Lo oyes?
Canta arriba, en las cimas,
como tú, como entonces.
Tú eres sólo latir cobijado en lo oscuro.
Al pájaro que fuiste dedicas este canto.
                                                                                 (El vuelo)


Anónimo: versión
Cima del canto.
El ruiseñor y tú
ya sois lo mismo.


Cae la noche
Cae la noche.
                   El corazón desciende
infinitos peldaños,
enormes galerías,
hasta encontrar la pena.
Allí descansa, yace,
allí, vencido,
yace su propio ser.
                    El hombre puede
cargarlo a sus espaldas
para ascender de nuevo
hacia la luz penosamente:
puede caminar para siempre,
caminar...
                     ¡Tú que puedes,
danos nuestra resurrección de cada día!

("Poemas a Lázaro" 1960)

Cerqué, cercaste....
Cerqué, cercaste,
cercamos tu cuerpo, el mío, el tuyo,
como si fueran sólo un solo cuerpo.
Lo cercamos en la noche.
Alzose al alba la voz
del hombre que rezaba.
Tierra ajena y más nuestra, allende, en lo lejano.
Oí la voz.
Bajé sobre tu cuerpo.
Se abrió, almendra.
bajé a lo alto
de ti, subí a lo hondo.
Oí la voz en el nacer
del sol, en el acercamiento
y en la inseparación, en el eje
del día y de la noche,
de ti y de mí.
Quedé, fui tú.
Y tú quedaste
como eres tú, para siempre
encendida.


Cómo se abría el cuerpo del amor herido...
Cómo se abría el cuerpo del amor herido
como si fuera un pájaro de fuego
que entre las manos ciegas se incendiara.
No supe el límite.
Las aguas
podían descender de tu cintura
hasta el terrible borde de la sed,
las aguas.

(De "Material memoria")


El temblor
La lluvia
como una lengua de prensiles musgos
parece recorrerme, buscarme la cerviz,
bajar,
lamer el eje vertical,
contar el número de vértebras que me separan
de tu cuerpo ausente.
Busco ahora despacio con mi lengua
la demorada huella de tu lengua
hundida en mis salivas.
Bebo, te bebo
en las mansiones líquidas
del paladar
y en la humedad radiante de tus ingles,
mientras tu propia lengua me recorre
y baja,
retráctil y prensil, como la lengua
oscura de la lluvia.
La raíz del temblor llena tu boca,
tiembla, se vierte en ti
y canta germinal en tu garganta.





Las recomendaciones de la semana




Empezamos con un fascinante libro de viajes por las entrañas del norte de nuestro país. El otro México de Ricardo Raphael, publicado por Editorial Planeta, comienza en la garita de San Ysidro, en la frontera con Estados Unidos, recorre Baja California y – como dice el propio libro – “se adentra por buena parte de Sinaloa y Durango, continúa hacia el norte por el Camino Real de Tierra Adentro, rumbo a Chihuahua para concluir en Ciudad Juárez y El Paso”. Nos adentramos de la mano de Ricardo Raphael “en un universo extraordinario en un trayecto lleno de relatos igualmente extraordinarios, plagados de personajes sorprendentes del pasado y del presente, que hablan de una tierra generosa que lo mismo alberga a indígenas que a migrantes de los orígenes más variados”.
El otro México se inscribe en la mejor tradición de los libros de viaje y nos lleva a cuestionarnos sobre la identidad de eso que llamamos “lo mexicano”.

El segundo libro que quiero recomendar hoy es una novela de Gerardo Laveaga, conocido abogado, con una sólida trayectoria también en el mundo de las letras. Su novela Justicia, que acaba de llegar a las librerías, publicada por Alfaguara,  da cuenta de esta unión entre los dos mundos, invitándonos a “echar una mirada íntima al sistema de justicia penal en México que es, a fin de cuentas, el auténtico protagonista del libro. Ministros de la Suprema Corte, jueces. Abogados litigantes, agentes del Ministerio Público, corporaciones policiacas, centros de reclusión: todo funciona de manera burocrática, absurda, angustiante…”, pero habla también de una historia de ideales y esperanzas.



Y finalmente cerramos con un bello libro de poesía publicado por Almadía: El pequeño mecanismo de los acontecimientos, del argentino Fabián Casas. Con selección y epílogo de Hernán Bravo Varela, este libro “ordena en un solo hilo, con sus pausas, lazos y líneas rectas, la trayectoria de un joven autor que se deja atrapar por la magia del instante y recoge sus enseñanzas en pequeños e inesperados diamantes."



Tres libros para celebrar que espero que ustedes disfruten tanto como los he disfrutado yo.
Más del programa de hoy, dedicado a Federico García Lorca AQUÍ

Llagas de amor


Comparto con ustedes este Soneto del amor oscuro de Federico García Lorca, a 76 años de su cobarde asesinato

Der Himmel Über Berlin

Para celebrar el cumpleaños de Win Wenders, comparto con ustedes escenas de una de mis películas favoritas en la vida: "Der Himmel Über Berlin" ("Las alas del deseo")

El pequeño mecanismo de los acontecimientos

Acaba de aparecer un estupendo libro del poeta argentino Fabián Casas, con selección, epílogo y notas de Hernán Bravo Varela, publicado por Almadía.

Comparto con ustedes un par de mis poemas favoritos:

Final

Éste es el patio donde fui chico.
Las baldosas se han gastado un poco y las plantas
han crecido por las rendijas de las paredes.
En esta soledad de la casa deshabitada
tengo la terrible certeza de estar parado sobre una equivocación.
No todo es tan duro, ya lo sé;
pero convengamos que esta falsedad
de tensar los temas con una catástrofe
se ha convertido ahora en mi segunda naturaleza.
Cuando veo a la gente besándose en las plazas
no puedo dejar de creer en un futuro
donde los únicos vestigios del amor
serán videos
pornográficos.


Hoy mi madre tendría que cumplir 48 años

Hoy mi madre tendría que cumplir 48 años;
pero hace tres que está bajo tierra
en un cementerio de los suburbios de la ciudad.
Aun así, las cosas persisten en crecer.
El sol arroja sus arpones amarillos
a través de las nubes,
los chicos juegan en los parques sus juegos de siempre,
un satélite ruso se estrella en París;
y yo me paro algunos días frente a su tumba
y me doblo con las flores en la boca del viento.


Xolo: Hablemos de poesía

Celebro el Día Internacional de los Pueblos Indígenas compartiendo con ustedes el texto de la presentación de Xolo, el libro disco que en náhuatl y en español crearon Mardonio Carballo y Juan Pablo Villa.


Hablemos de poesía
1.

Hablemos de poesía. Que de eso se trata. De la conmoción que provoca la palabra poética. Del sacudimiento que generan imágenes sorprendentes, giros inesperados. Del escalofrío ante la metáfora aguda. Del ritmo envolvente. Del ritmo, señoras y señores.

Estoy llorando
Derramando lágrimas
(donde sea que me paro,
Donde siembro mis pies,
Revientan las flores de sal)
Las flores de sal que son versos, palabras que alumbran el abismo, que descubren el silencio, porque sólo desde allí existe la poesía. Palabras que le crecen a Mardonio como flores. A veces con llanto, como en este poema, a veces con risa, con música, con el cuerpo que descubre el goce y la caricia. Con picardía, con gracia, con sorpresa. Leo un fragmento de “Palabra de mujer”:
Nuestros hijos se han marchado ya
Sólo tú
Sólo yo
Sentémonos ya
Sólo tú
Sólo yo
A mirar cómo se apaga el día
¡Viejo, alegra mi corazón!
(y te daré buena comida)
Verás cómo el hambre se te vuelve a despertar.

Porque la vida es el motor que alimenta a Mardonio. La vida que busca su propio cauce. Allí donde la tradición y los versos antiguos no paralicen con su peso polvoriento, donde no impidan explorar nuevos caminos. Encontrar la propia huella más allá de los relatos. Y si hay que romper, romperá la voz la historia repetida desde siempre. ¿Acaso habla de otra cosa este poema? Uno de mis favoritos del libro, por cierto:

Dicen que me hicieron con un poco de barro
Reniego pues de la historia
Y si esas palabras verdaderas resultaran
Meteré una rosa blanca por mi boca
La tragaré como si fuera una pastilla
Y cuando pase por mi garganta
Me desgarrarán de la rosa sus espinas
Roja se hará la blanca rosa
Y haré trizas la primera historia
Comenzará a latir dentro de mi cuerpo
Una rosa roja en el ojo de mi pecho.


Por eso quizás, o por eso también, el xolo como símbolo: perro desnudo, como la muerte que nos espera al otro lado del Miktlán. La desnudez es un modo de hacer carne lo que nos precedió. Somos también el pan de aquellos huesos.
"Una antiquísma tribu, los yanomamis, que habitan la selva amazónica (...) practican un extraño canibalismo: se comen entre todos a su propios muertos, pero tras reducirlos a ceniza, en una fogata que consume no sólo el cuerpo del muerto sino cuanto le pertenecía..."  De manera inversa a la magdalena proustiana a partir de la cual se despliega el universo completo de la memoria, el rito yanomami busca la compresión, la reducción de la memoria a un solo punto, Aleph que reúne con las cenizas del muerto mezcladas con plátano, su nombre, su historia, sus pertenencias.
Algo de eso hay también en la palabra poética. Y algo de eso, sin duda, en la palabra poética de Mardonio. Él mismo lo dice en el comienzo de otro texto, Xantolo, sobre la festividad de muertos en la Huasteca veracruzana.  Les leo un fragmento:
Todos tenemos algo de santo, sobre todo después de muertos. Pero uno se muere de todo: de tiempo, de vida, de risa, de hambre y de todo. Para los mexicanos, y más para los que pertenecemos a un pueblo indígena, la muerte es sólo un síntoma de vida, nos enfermamos de vida hasta que nos curamos cuando llega la muerte, ya sea grande o chiquita. Para los que nacimos hablando el idioma náhuatl la muerte está con nosotros desde nuestros nombres. En náhuatl nombre se dice toka. El verbo sembrar se dice toka, entierro se dice también toka.

Hablemos de poesía, pues. De poesía, de memoria, de cuerpo, de ritmo. De la vida y de la muerte. Ni más ni menos. Luego vendrá lo demás. 

2.
Y la lengua. Claro. No hemos hablado aún de la lengua. Cómo me atrevo a hablar de poesía, y sobre todo de ritmo, sin hablar náhuatl. Me tomo esta “licencia poética” con la misma sensación de pobreza lectora que siento al leer las traducciones al español de Paul Celan o de Ana Ajmátova, por no leer alemán ni ruso. Carencia mía, pues, el no poder leer los poemas de Mardonio en su lengua original. Pero tengo una ventaja, la tengo yo y la tenemos todos los que nos acerquemos a Xolo: escucharemos al propio poeta leer en su lengua madre. En la lengua de los arrullos. En la lengua de los primeros miedos y los primeros amores. Por eso puedo hablar de ritmo, de pasión, y de palabras que se van metiendo de a poco por los poros hasta ser parte de nosotros mismos.
¡Qué relación complicada tiene este país con los pueblos indígenas! Mezcla de orgullo, de paternalismo, de desprecio, de temor, de ajenidad. Como si los indígenas fueran y no fueran nuestros compatriotas. Con políticas públicas cambiantes, ambivalentes. Pareciera un tema que no se resuelve. Me decía Mardonio en una entrevista: “Que yo sea el primer indígena que tiene un programa de televisión no habla bien de mí, habla mal de nuestro país.”
En este contexto, el tema de la lengua no es irrelevante. Nunca el tema de la lengua es irrelevante. Pero Xolo nos muestra algo más. Mardonio Carballo y Juan Pablo Villa nos muestran algo más. Y aquí sí voy a entrar al segundo elementos constitutivos de esta propuesta: la música. O mejor dicho: el diálogo entre la música y la poesía.
Mientras escribo estas líneas escucho el disco, por supuesto. Juan Pablo Villa sabe lo que hace con la poesía de Mardonio. No sólo porque tiene una sensibilidad fuera de lo común, sino porque ha estudiado como pocos en nuestro país las posibilidades de la voz  como elemento de construcción sonora. Dicen que aprendió del agua. De las profundidades de un lago cuando tenía sólo diez años. También lo aprendió de los inuit, de los cardencheros de Durango, de los japoneses de Nanto, de los mongoles. Y ahora lo aprende con Mardonio y su raíz náhuatl. La garganta de Juan Pablo es fuente de sonidos y de silencios. Comparto con él algunas obsesiones, aunque él aún no lo sepa.
Explorador de las corrientes más interesantes y transgresoras de la música contemporánea, este músico formado en las vanguardias, en el jazz, amante a la vez de las formas populares y de la experimentación sonora, ha hecho un dúo excepcional con Carballo.
Yo sé que ustedes que nos acompañan hoy aquí lo saben, pero no está de más recordarlo: no estamos ante la “musicalización” de los poemas, sino ante una creación conjunta.
Aquí está la voz, íntima y profunda, pero también exaltada o teatral del poeta, recitando, cantando, sonando en castilla y en náhuatl. Aquí está la música. Están los gemidos, las respiraciones, los ritmos, los silencios, los juegos sonoros, las repeticiones, los aullidos, los murmullos que han construido entre los dos. Y que nos ponen la piel chinita.

3.
Para terminar sólo quiero decir que como fanática que soy de todos los caminos que se exploren para hacer crecer la palabra poética: en diálogo con otros lenguajes, en la calle, con los jóvenes, en voz alta, en murmullos, lo que sea que abra caminos a la poesía, me hace muy feliz este proyecto, y me hace más feliz aún tener la inmensa suerte – ustedes y yo – de sumar este pequeño y maravilloso objeto que es Xolo en el apartado más entrañable del “soundtrack” de nuestra vida.
Gracias a Mardonio y a Juan Pablo por habernos regalado esta posibilidad.