Jueves 27, en el ciclo Guías literarias del INBA!


Compartirá con el público sus influencias literarias más representativas
Josefina Vicens y Rosario Castellanos como dos de sus influjos más importantes



Jueves 27 de septiembre a las 19:00 horas en el Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia
El Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) invita al ciclo Guías literarias, en el que se presentará Sandra Lorenzano para compartir con el público sus gustos literarios, el próximo jueves 27 de septiembre a las 19:00 horas, en el Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia, ubicado en Nuevo León 91, colonia Hipódromo Condesa, ciudad de México.

A la salida de Argentina a los 16 años de edad, Sandra Lorenzano encontró en México un territorio de libertad que rememora enmarcado en el recuerdo de un regalo que le dio una profesora de su nuevo colegio: era El llano en llamas de Juan Rulfo, “en el que me puso como dedicatoria: ‘para que aprendas a conocer a tu nuevo país’. El encuentro con México a partir de un escritor como Juan Rulfo fue excepcional”, dice la autora en entrevista.

A partir de entonces Sandra Lorenzano comenzó a ser una ávida lectora de literatura mexicana y el siguiente encuentro fue con la poeta Rosario Castellanos, a quien considera, junto con Josefina Vicens, como importantes influencias que le presentaron el amplio mundo de la cultura mexicana. “También como buena adolescente escribía poesía y empecé a leer a Octavio Paz, a Jaime Sabines y a los escritores de la Onda, que parecía que escribían tanto de nosotros (los jóvenes) en esas épocas…”.

De este periodo de su vida destaca sobre todo el encuentro fortuito que le significó leer la obra de Sor Juana Inés de la Cruz y Piedra de Sol de Octavio Paz. Sandra Lorenzano es, sobre todo, una gran lectora de poesía, a la que recurre constantemente para recordar a los poetas que la han marcado, por ello la influencia que ha recibido no sólo es mexicana, sino también de extranjeros, como el argentino Ricardo Piglia, la poesía de Cesar Vallejo, Vicente Huidobro o Néstor Perlongher.

“Si tuviera que mencionar uno de los autores a los que vuelvo con más frecuencia tendría que hablar sin duda del Libro del desasosiego de Fernando Pessoa, la poesía de Paul Celan, algunos libros de Cesar Pavese, la poesía de la rusa Ana Ajmatova, y la de José Ángel Valente, el llamado poeta del silencio”.

Sandra Lorenzano (Argentina, 1960) Radica en México desde 1976. Ensayista, narradora, editora y crítica literaria. Doctora en letras por la UNAM, se especializa en arte y literatura latinoamericanos, tema sobre el cual ha publicado numerosos artículos en diversos libros y revistas de circulación nacional e internacional. Ha sido profesora de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y ha dado cursos, lecturas y conferencias en universidades tanto de México como del extranjero. Se ha desempeñado como vicerrectora académica de la Universidad del Claustro de Sor Juana; directora de la colección Primero Sueño de narrativa latinoamericana de Editorial Alfaguara, y editora de Prolija Memoria. Estudios de cultura virreinal (UCSJ-UNAM). Miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte y del Comité de Literatura del Fondo de Cultura Económica. Mención Especial en el Premio Nacional de Ensayo Literario José Revueltas 1999 por Escrituras de sobrevivencia. Narrativa argentina y dictadura.

Entre su obra destaca, en ensayo: La literatura es una película. Revisiones sobre Manuel Puig (1997), Escrituras de sobrevivencia. Narrativa argentina y dictadura (2001). En novela: Saudades (2007) y Fuga en mi menor (2012). En poesía: Vestigios (2010).

Alejandra Pizarnik

Alejandra Pizarnik murió un día como hoy, 25 de septiembre, de 1972.
¿Qué mejor manera de recordarla que volviendo a su poesía?

Árbol de Diana

1
He dado el salto de mí al alba.
He dejado mi cuerpo junto a la luz
y he cantado la tristeza de lo que nace.

2
Estas son las versiones que nos propone:
un agujero, una pared que tiembla...

3
sólo la sed
el silencio
ningún encuentro
cuídate de mí amor mío
cuídate de la silenciosa en el desierto
de la viajera con el vaso vacío
y de la sombra de su sombra

4
Ahora bien:
Quién dejará de hundir su mano en busca
del tributo para la pequeña olvidada. El frío
pagará. Pagará el viento. La lluvia pagará.
Pagará el trueno.


5
por un minuto de vida breve
única de ojos abiertos
por un minuto de ver
en el cerebro flores pequeñas
danzando como palabras en la boca de un mudo


6
ella se desnuda en el paraíso
de su memoria
ella desconoce el feroz destino
de sus visiones
ella tiene miedo de no saber nombrar
lo que no existe


7
Salta con la camisa en llamas
de estrella a estrella,
de sombra en sombra.
Muere de muerte lejana
la que ama al viento.


8
Memoria iluminada, galería donde vaga
la sombra de lo que espero. No es verdad
que vendrá. No es verdad que no vendrá.


9
A Aurora y Julio Cortázar

Estos huesos brillando en la noche,
estas palabras como piedras preciosas
en la garganta viva de un pájaro petrificado,
este verde muy amado,
este lila caliente,
este corazón sólo misterioso.

10
un viento débil
lleno de rostros doblados
que recorto en forma de objetos que amar

11
ahora
en esta hora inocente
yo y la que fui nos sentamos
en el umbral de mi mirada

12
no más las dulces metamorfosis de una niñ3; de seda
sonámbula ahora en la cornisa de niebla

su despertar de mano respirando
de flor que se abre al viento

13
explicar con palabras de este mundo
que partió de mí un barco llevándome

14
El poema que no digo,
el que no merezco.
Miedo de ser dos
camino del espejo:
alguien en mí dormido
me come y me bebe.

15
Extraño desacostumbrarme
de la hora en que nací.
Extraño no ejercer más
oficio de recién llegada.

16
has construido tu casa
has emplumado tus pájaros
has golpeado al viento
con tus propios huesos
has terminado sola
lo que nadie comenzó

17
Días en que una palabra lejana se apodera de mí. Voy por esos días
sonámbula y transparente. La hermosa autómata se canta, se encanta,
se cuenta casos y cosas: nido de hilos rígidos donde me danzo y me
lloro en mis numerosos funerales. (Ella es su espejo incendiado, su
espera en hogueras frías, su elemento místico, su fornicación de nom-
bres creciendo solos en la noche pálida.)

20
a Laure Bataillon

dice que no sabe del miedo de la muerte del amor
dice que tiene miedo de la muerte del amor
dice que el amor es muerte es miedo
dice que la muerte es miedo es amor
dice que no sabe

21
he nacido tanto
y doblemente sufrido
en la memoria de aquí y de allá

22
en la noche
un espejo para la pequeña muerta
un espejo de cenizas

23
una mirada desde la alcantarilla
puede ser una visión del mundo
la rebelión consiste en mirar una rosa
hasta pulverizarse los ojos

32
Zona de plagas donde la dormida come lentamente
su corazón de medianoche.


33
alguna vez
alguna vez tal vez
me iré sin quedarme
me iré como quien se va


34
la pequeña viajera
moría explicando su muerte

sabios animales nostálgicos
visitaban su cuerpo caliente


35
a Ester Singer

Vida, mi vida, déjate caer, déjate doler, mi vida, déjate enlazar de fuego,
de silencio ingenuo, de piedras verdes en la casa de la noche,
déjate caer y doler, mi vida.


37
más allá de cualquier zona prohibida
hay un espejo para nuestra triste transparencia


38
Este canto arrepentido, vigía detrás de mis poemas'
este canto me desmiente, me amordaza.



(vale la pena entrar al enlace de la Biblioteca Cervantes: http://cvc.cervantes.es/actcult/pizarnik/)

Si hay un nombre secreto

Porque hoy celebro la primavera en el sur y en mi vida, comparto con ustedes algo del amor:


I.

Sobre el mar se pierden las fronteras, se humedecen los papeles, arden los ojos y la piel.

(el vértigo es la distancia entre mi voz y la inclinación de tu cabeza)

cuerpos, cenizas, historias que alimentan el escozor del yodo para regocijo de violencias submarinas

el comienzo de los tiempos fluye en el deseo de naufragio

(podría aferrarme a tu cintura y olvidar el zumbido de altamar)

pero son inasibles las palabras

prófugas de una memoria salobre revelada en otros huesos



II.

Si hay un nombre secreto, el nombre que un huidizo dios escribiera alguna vez sobre la arena, te llamaría yo piedra, mano, agua que corre, para tratar de adivinar sus designios. Dibujaría entonces sobre tu vientre los signos ambiguos del consuelo - como la hoguera que arde detrás del último médano - para hacer de tu piel mi rezo cotidiano.
Si hay un nombre secreto debe contener dentro de sí todas las palabras. También las del dolor. Las de la ventana que mira a ninguna parte. Las de la ceniza que dio forma a tus huesos. Las del brillo acerado de las aves que viven cada noche dentro de los sueños. O tal vez sean alas de ángeles que repiten el nombre en tus oídos, como cuentan en otoño quienes saben. Bajo una llovizna inacabable. Bebo de ti entonces como si de algas fuera la sal de tu lengua. Bebo para encontrar aquella primera letra. Origen. Vértebra. Vino oscuro que se derrama.


 

Festival internacional de literatura en Buenos Aires



México en Buenos Aires
Panel
Participan: Fabio Morábito, Valeria Luiselli, Julián Herbert, Álvaro Enrigue, Sandra Lorenzano, Guillermo Quijas y Álvaro Bisama
A partir de las 17 hs, Librería Eterna Cadencia [ Más información]


Bitáctora del FILBA
Lectura de obra producida ad hoc para Filba
Participan: Rodrigo Hasbún, Kjartan Flogstad, Ronaldo Correia de Brito, Julián Herbert, Sandra Lorenzano, Hernán Ronsino, Patricia Ratto y Gabriela Bejerman
Modera: Pedro Mairal
18 hs, Museo Malba [ Más información ]

Programación completa:  http://filba.org.ar/


El taller literario de En busca del cuento perdido


Próxima actividad para el taller literario. ¡Participa En busca del cuento perdido!


Gracias a todos por participar en el ejercicio anterior. ¿Qué les parece si pensamos en el de la próxima semana? Les muestro dos hermosas fotografías: quisiera que escribieran una historia, de no más de 15 lineas, a partir de una de ellas. ¿Qué les parece?
Espero sus textos como siempre en nuestro correo enbuscadelcuento@yahoo.com.mx

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Escucha los programas de En busca del cuento perdido en el "player" de la barra lateral de este blog. Lee los contenidos complementarios de cada programa en: http://enbuscadelcuentoperdido.blogspot.com 


Las recomendaciones de la semana




1. Empezamos con La bomba de San José, la nueva novela de Ana García Bergua. Publicada por editorial Era, se ubica a principios de los años 60 en la ciudad de México, y se trata del divertido retrato de una época, en la que se dio un cambio de valores en la clase media mexicana ilustrada; pero sobre todo, como la propia autora lo dice, “es una novela en la que se refleja ese cambio en las mujeres que ya no quieren ser obedientes y se plantean un proyecto de vida propio, más allá del matrimonio y la familia.” 





2. La segunda recomendación de la semana es para otro autor mexicano, en este caso se trata del estupendo narrador Alberto Chimal, cuyo libro más reciente se titula El último emperador y fue publicado por el Fondo de Cultura Económica. Siguiendo los periplos de Horacio Kustos, el último emperador, Chimal emprenderá un maravilloso viaje más allá del tiempo y el espacio: de Tepito a Islandia, de la Atlántida al Polo sur, las páginas desbordan imaginación, ritmo y una muy cuidada prosa.





3. La tercera recomendación es para el interesantísimo libro llamado Desde el cuerpo. Ensayos sobre el cuerpo humano, la salud y la mirada médica, del doctor Cristóbal Pera, un connotado médico español, y editado por Cal y Arena. El autor, profesor emérito de la Universidad de Barcelona, plantea en este libro “una cultura de la salud como alternativa ante la cultura de la enfermedad que ha dominado el ejercicio de la medicina tradicional, tanto en el ámbito privado como en la dimensión de la salud pública”.



Tres estupendos libros que estoy segura que disfrutarán tanto como los he disfrutado yo. Y sumamos a nuestra sección de libros una felicitación muy especial a la editorial Sexto Piso quienes están cumpliendo sus primeros diez años como una de las editoriales independientes con un catálogo más interesante y cuidado. ¡Enhorabuena amigos de Sexto Piso! Y que sigan contagiándonos su amor a la palabra literaria por muchos años más.

Para ver más sobre el programa de hoy dedicado a Amado Nervo, haz "click" aquí.

¿Qué diríamos hoy que es lo indecible?

Un genial fragmento de la novela Respiración artificial de Ricardo Piglia

La palabra Ungeziefer, dijo Tardewski, con que los nazis designarían a los detenidos en los campos de concentración, es la misma palabra que usa Kafka para designar eso en que se ha convertido Gregorio Samsa una mañana, al despertar.
La utopía atroz de un mundo convertido en una inmensa colonia penitenciaria, de eso le habla Adolf, el desertor insignificante y grotesco, a Franz Kafka que lo sabe oír, en las mesas del café Arcos, en Praga, a fines de 1909. Y Kafka le cree. Piensa que es posible que los proyectos imposibles y atroces de ese hombrecito ridículo y famélico lleguen a cumplirse y que el mundo se transforme en eso que las palabras estaban construyendo: El Castillo de la Orden y la Cruz gamada, la máquina del mal que graba su mensaje en la carne de las víctimas. ¿No supo él oír la voz abominable de la historia?
El genio de Kafka reside en haber comprendido que si esas palabras podían ser dichas, entonces podían ser realizadas. Ostara, diosa germana de la primavera. Cuéntemelo todo desde el principio hasta el fin. Porque lo que usted planea es tan atroz que sólo al oírlo puedo disimular mi terror. Las palabras preparan el camino, son precursoras de los actos venideros, la chispa de los incendios futuros. ¿O no estaba sentado ya encima del barril de pólvora que convirtió en hecho su deseo?
El sabe oír; él es quien sabe oír.
Pensé en Kafka hoy, dice ahora Tardewski, cuando Marconi nos recitó esa especie de poema que dice haber soñado. Pensé decirle, cuando ustedes discutían sobre el título, dice Tardewski, el título debe ser: Kafka
Soy
el equilibrista que
en el aire camina
descalzo
sobre un alambre
de púas.
Kafka o el artista que hace equilibrio sobre el alambre de púas de los campos de concentración.
Usted leyó El Proceso, me dice Tardewski. Kafka supo ver hasta en el detalle más preciso cómo se acumulaba el horror. Esa novela presenta de un modo alucinante el modelo clásico del Estado convertido en instrumento de terror. Describe la maquinaria anónima de un mundo donde todos pueden ser acusados y culpables, la siniestra inseguridad que el totalitarismo insinúa en la vida de los hombres, el aburrimiento sin rostro de los asesinos, el sadismo furtivo. Desde que Kafka escribió ese libro el golpe nocturno ha llegado a innumerables puertas y el nombre de los que fueron arrastrados a morir como un perro, igual que Joseph K., es legión.
Kafka hace en su ficción, antes que Hitler, lo que Hitler le dijo que iba a hacer. Sus textos son la anticipación de lo que veía como posible en las palabras perversas de ese Adolf, payaso, profeta que anunciaba, en una especie de sopor letárgico, un futuro de una maldad geométrica. Un futuro que el mismo Hitler veía como imposible, sueño gótico donde llegaba a transformarse, él, un artista piojoso y fracasado, en el Führer. Ni el mismo Hitler, estoy seguro, creía en 1909 que eso fuera posible. Pero Kafka, sí. Kafka, Renzi, dijo Tardewski, sabía oír. Estaba atento al murmullo enfermizo de la historia.
Muere, Franz Kafka, el 3 de junio de 1924. En esos mismos días, en un Castillo de la Selva Negra, Hitler se pasea por una sala de techos altos y paredes con vitrales. Se pasea de un lado a otro y dicta a sus ayudantes los capítulos finales de Mein Kampf. Junio, 1924. Se pasea, el Führer y dicta Mein Kampf. Kafka agoniza en el Sanatorio de Kierling. La tuberculosis le ha tomado la laringe, de modo que ya no puede hablar. Hace señas. Sonríe. Trata de sonreír. Escribe notas en un block para Max Brod, para Oskar Braun, para Félix Winbach, sus amigos de toda la vida que están ahí, junto a Dora Diamant. Creo que he empezado en el momento oportuno el estudio de los ruidos emitidos por los animales: esas son las cosas que escribe, porque ya no puede hablar. Junio de 1924. Se pasea, el Führer, rodeado de sus ayudantes, dicta: El primer objetivo será la creación del Gran Imperio Germano Alemán cuyos dominios, dicta, se pasea de un lado a otro, cuyos dominios deben abarcar desde el Cabo Norte a los Alpes y del Atlántico al Mar Negro punto, dicta rodeado de sus ayudantes. Kafka agoniza en el sanatorio de Kierling, cerca de los Klosterneuburg. No puede hablar. Hace señas. Sonríe. Tendido de espaldas sobre la cama, escribe en un block que sostiene, con dificultad, muy cerca de su cara, ¿Puede oír? Se pasea, el Führer. Un Gran Imperio Germano Alemán coma, se pasea, dicta, rodeado de sus ayudantes, de un lado a otro, coma surcado por una poderosa red de autopistas junto a las cuales se establecerán colonias militares germanas punto, dicta Mein Kampf el Führer. En el sanatorio Kafka agoniza, estudia el ruido emitido por los animales. Hi, hi, el chillido que emiten las ratas, aterrorizadas, en sus madrigueras. Hi, hi, chillan. Estudia en el momento oportuno el ruido emitido por los animales. Se pasea, rodeado de sus ayudantes, por el salón, el Führer. En el sanatorio Kafka agoniza, no puede hablar, escribe. ¿Puede oír? Junio de 1924. El Führer dicta Mein Kampf. Europa al este del Danubio será en el futuro dos puntos en parte coma un enorme campo de maniobras militares coma y en parte lugar de asentamiento de los esclavos del Reich coma, se pasea, de un lado a otro, rodeado de sus ayudantes, esclavos que serán seleccionados en todo el mundo según criterios raciales coma siendo usados y mezclados, se pasea, va y viene, con arreglo a un plan preestablecido coma que se detallará en el momento indicado punto dicta mientras se pasea por los salones del Castillo. ¿Y el Agrimensor? Agoniza. Ya no puede hablar, para entenderse con sus amigos, con su mujer, Dora Diamant, sólo puede escribir. Se ha quedado sin voz. Dicta: Todo el Este habrá de ser una enorme colonia como una especie de campo de pastoreo de los esclavos no arios, dicta Mein Kampf, Hitler, dice Tardewski, mientras Kafka, a quien la tuberculosis le ha tomado la laringe y ya no tiene voz, sólo escribe para sus amigos más queridos y para su querida Dora Diamant. Se pasea de un lado a otro, lento, el Führer: campo de pastoreo de los esclavos no arios coma, rodeado de sus ayudantes. Pequeñas notas en un block con lápiz, letra trabajosa. Recuerdo un libro oriental: sólo trata de la muerte. Un agonizante yace en el lecho, escribe Kafka, y con la independencia que le confiere la proximidad de la muerte, dice: Siempre estoy hablando de la muerte y no termino nunca de morir. ¿Puede oír? Los esclavos no arios coma con enlace terrestre y directo con el país alemán que constituirá su eje central punto y seguido, se pasea, rodeado por sus ayudantes, de un lado a otro. Siempre estoy ha- blando de la muerte, escribe, nunca termino de morir. Pero ahora, precisamente, estoy recitando mi aria final. Unas duran más, otras duran menos. La diferencia es siempre cuestión de pocas palabras, dice el agonizante, escribe Kafka tendido en el lecho. A los 180 millones de rusos coma en cambio coma habrá que sumirlos en un envilecimiento progresivo dos puntos, se pasea el Führer. Tiene toda la razón, escribe; el agonizante tiene toda la razón, escribe Kafka. No hay derecho a sonreírse del protagonista que yace herido de muerte, cantando un aria. Nosotros yacemos y cantamos, años y años, toda nuestra vida no hacemos más que cantar, siempre, el aria final, les escribe Kafka a sus amigos en el Sanatorio Kierling. Junio de 1924. Sumirlos en un envilecimiento progresivo dos puntos impedir su procreación como castigarlos si hablan hasta lograr que pierdan el uso de la palabra coma dicta mientras se pasea por los salones del Castillo. La enfermedad le ha tomado la laringe. ¿Puede oír? Escribe sus últimas palabras. No hay derecho, escribe, son sus últimas palabras, no hay derecho, el block apretado entre las manos, casi pegado a la cara, tendido de espaldas, no hay derecho a sonreírse del protagonista que agoniza cantando un aria. Se pasea. Hasta logra que pierdan el uso de la palabra coma impedirles todo aprendizaje para ahogar toda inteligencia y toda posibilidad de rebeldía coma en una palabra coma embrutecerlos, dicta el Führer, dice Tardewski. ¿Quién puede reírse del aria que entona el moribundo? Trata de sonreír. Hace gestos. Se pasea, de un lado a otro. Sólo podrán aprender como máximo las señales necesarias para que sus jefes con mayúscula Jefes, dicta, puedan organizarles metódicamente su jornada de trabajo. Junio de 1924. Kafka agoniza en el Sanatorio donde ha de morir sobre el filo de la medianoche. En el Castillo ¿se oye el aria final que entona el moribundo? Naturalmente coma deberán aprender, se detiene, sus ayudantes de inmediato se detienen, lo rodean. Mejor, dice, tache la frase anterior y comienza otra vez a pasear, las manos en la espalda. Naturalmente coma deberemos enseñarles coma usando el rigor necesario coma a comprender el idioma alemán para asegurar así la obediencia a nuestras órdenes con mayúscula Nuestras Ordenes punto, paseando por los salones del castillo el Führer dicta Mein Kampf. Es medianoche. La medianoche del tres al cuatro de junio de 1924. El moribundo ¿alcanza oírlo? Estudio el ruido emitido por los animales. ¿Lo ha oído? Hi, hi, chilla en su madriguera el Ungeziefer, hi, hi, chilla, aterrorizado, en medio de la noche, mientras se oyen, lejanos, los pasos de alguien que va de un lado a otro, se pasea, en el Castillo, de un lado a otro, rodeado de sus ayudantes. Hi, hi, chilla en su madriguera el Ungeziefer mientras se oye, lejana, la bellísima y casi imperceptible aria final que entona el que agoniza.


Junio 3 de 1924, dice Tardewski.
Kafka es Dante, dice ahora Tardewski, sus garabatos, como él llamaba a sus escritos, inéditos, fragmentarios, inconclusos, son nuestra Divina Comedia. Brecht decía, y tenía razón, dice Tardewski, si uno tuviera que nombrar al autor que más se acercó a tener con nuestra época la relación que con la suya tuvieron Homero, Dante o Shakespeare: Kafka es el primero en quien se debe pensar. Por eso yo, dijo Tardewski, no comparto su entusiasmo por James Joyce. ¿Cómo puede usted pretender compararlos?, dijo. Joyce, como decía esa mujer que borda manteles refiriéndose a los poemas de Marconi, es demasiado ¿cómo decirle?, demasiado trabajosamente virtuoso. Un malabarista, dijo. Alguien que hace juegos de palabras como otros hacen juegos de manos. Kafka, en cambio, es el equilibrista que camina en el aire, sin red, y arriesga la vida tratando de mantener el equilibrio, moviendo un pie y después muy lentamente el otro pie, sobre el alambre tenso de su lenguaje. Joyce era un hombre diestro, no cabe duda; Kafka, en cambio, no era diestro, era torpe y se convirtió en un experto de su propia torpeza. Joyce lleva un estandarte que dice: Soy aquel que supera todos los obstáculos, mientras que Kafka escribe en un block y guarda en un bolsillo de su chaqueta abotonada, esta inscripción: Soy aquel a quien todos los obstáculos superan. Kafka ha dicho, dice Tardewski: Enfrento la imposibilidad de no escribir, la de escribir en alemán, la de escribir en otro idioma, a lo cual se podría agregar casi una cuarta imposibilidad: la de escribir. Esa cuarta imposibilidad era, para él, la suprema tentación. Para él que había sabido decir: Cualquier cosa que escribo. Por ejemplo la frase: El miró por la ventana, escrita por mí, ya es perfecta. ¿De qué perfección se trataba?, dice Tardewski. Por un lado el ideal de Kafka en cuanto a la perfección formal y estilística era tan riguroso que no toleraba transacciones. Pero a la vez supo mejor que nadie que los escritores verdaderamente grandes son aquellos que enfrentan siempre la imposibilidad casi absoluta de escribir.
Sobre aquello de lo que no se puede hablar, lo mejor es callar, decía Wittgenstein. ¿Cómo hablar de lo indecible? Esa es la pregunta que la obra de Kafka trata, una y otra vez, de contestar. O mejor, dijo, su obra es la única que de un modo refinado y sutil se atreve a hablar de lo indecible, de eso que no se puede nombrar. ¿Qué diríamos hoy que es lo indecible? El mundo de Auschwitz. Ese mundo está más allá del lenguaje, es la frontera donde están las alambradas del lenguaje. Alambre de púas: el equilibrista camina, descalzo, solo allá arriba y trata de ver si es posible decir algo sobre lo que está del otro lado.
Hablar de lo indecible es poner en peligro la supervivencia del lenguaje como portador de la verdad del hombre. Riesgo mortal. En el Castillo un hombre dicta, se pasea, y dicta, rodeado de sus ayudantes. Las palabras saturadas de mentiras y de horror, dijo Tardewski, no resumen con facilidad la vida. Wittgenstein vislumbró con toda claridad que la única obra que podía asemejarse a la suya en esa restitución suicida del silencio era la obra fragmentaria, incomparable de Franz Kafka. ¿Joyce? Trataba de despertarse de la pesadilla de la historia para poder hacer bellos juegos malabares con las palabras. Kafka, en cambio, se despertaba, todos los días, para entrar en esa pesadilla y trataba de escribir sobre ella.

(La imagen pertenece a la serie de collages Kafka & Hitles de Harley Gaber
http://harleygaber.com/kafka_hitler_collages.html)