El Ciclista del San Cristobal


El Ciclista del San Cristobal

Antonio Skármeta
(Antofagasta, Chile, 1940 -)




“...y abatíme tanto, tanto
que fui tan alto, tan alto,
que le di a la caza alcance...”
San Juan de La Cruz



      Además era el día de mi cumpleaños. Desde el balcón de la Alameda vi cruzar parsimoniosamente el cielo ese Sputnik ruso del que hablaron tanto los periódicos y no tomé ni así tanto porque al día siguiente era la primera prueba de ascensión de la temporada y mi madre estaba enferma en una pieza que no seria más grande que un closet. No me quedaba más que pedalear en el vacio con la nuca contra las baldosas para que la carne se me endureciera firmeza y pudiera patear mañana los pedales con ese estilo mio al que le dedicaron un articulo en “Estadio”. Mientras mamá levitaba por la fiebre, comencé a pasearme por los pasillos consumiendo de a migaja los queques que me habla regalado la tía Margarita, apartando acuciosamente los trozos de fruta confitada con la punta de la lengua y escupiéndolos por un costado que era una inmundicia. Mi viejo salla cada cierto tiempo a probar el ponche, pero se demoraba cada vez cinco minutos en revolverlo, y suspiraba, y después le metía picotones con los dedos a las presas de duraznos que flotaban como náufragos en la mezcla de blanco barato, y pisco, y orange, y panimávida.
      Los dos necesitábamos cosas que apuraran la noche y trajeran urgente la mañana. Yo me propuse suspender la gimnasia y lustrarme los zapatos; el viejo le daba vueltas al gula con la probable idea de llamar una ambulancia, y el cielo estaba despejado, y la noche muy cálida, y mamá decía entre sueños “estoy incendiándome”, no tan débil como para que no la oyéramos por entre la puerta abierta.
      Pero esa era una noche tiesa de mechas. No aflojaba un ápice la crestona. Pasar la vista por cada estrella era lo mismo que contar cactus en un desierto, que morderse hasta sangrar las cutículas, que leer una novela de Dostoiewski. Entonces papá entraba a la pieza y le repetía a la oreja de mi madre los mismos argumentos inverosímiles, que la inyección le bajarla la fiebre, que ya amanecía, que el doctor iba a pasar bien temprano de mañana antes de irse de pesca a Cartagena.
      Por último le argumentamos trampas a la oscuridad. Nos valimos de una cosa lechosa que tiene el cielo cuando está trasnochado y quisimos confundirla con la madrugada (si me apuraban un poco hubiera podido distinguir en pleno centro algún gallo cacareando).
      Podría ser cualquier hora entre las tres y las cuatro cuando entré a la cocina a preparar el desayuno. Como si estuvieran concertados, el pitido de la tetera y los gritos de mi madre se fueron intensificando. Papá apareció en el marco de la puerta.
      —No me atrevo a entrar —dijo.
      Estaba gordo y pálido y la camisa le chorreaba simplemente. Alcanzamos a oír a mamá diciendo: que venga el médico.
      —Dijo que pasaría a primera hora en la mañana —repitió por quinta vez mi viejo.
      Yo me habla quedado fascinado con los brincos que iba dando la tapa sobre las patadas del vapor.
      —Va a morirse —dije.
      Papá comenzó a palparse los bolsillos de todo el cuerpo. Señal que quería fumar. Ahora le costaría una barbaridad hallar los cigarrillos y luego pasaría lo mismo con los fósforos y entonces yo tendría que encendérselo en el gas.
      —¿Tú crees?
      Abrí las cejas así tanto, y suspiré.
      —Pásame que te encienda el cigarrillo.

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Cuento chileno contemporáneo, breve antología (Dirección de Literatura, UNAM, Serie Antologías, México, 2012; Poli Délano: compilador; Poli Délano y Rafael Ramírez Heredia: prólogos)


Publicada por primera vez en 1996, esta antología compilada por Poli Délano abarca dos generaciones de escritores chilenos: “la de los Novísimos o del 70 y la del 80 o N.N. Ambas generaciones –explica Délano-  nacieron enmarcadas en escenarios de fuerte convulsión social: una alcanza la madurez cuando el mundo vive la inolvidable década de los 60, con su carga de revolución, hipismo, grandes estadistas e irreverencia; la otra recibe este influjo en su infancia y juventud, pero despierta de este ensueño cautivante  para caer en la pesadilla del fascismo criollo con el golpe de 1973”. Poli Délano añade: “Ambas generaciones unidas por sólidos puentes de experiencias compartidas y de razonada rebeldía ante lo establecido conforman la vertiente más renovada y fresca de la narrativa chilena.

Lee más sobre el programa de hoy, dedicado a la Feria del Libro de Guadalajara 2012 en:

Raúl Zurita


Raúl Zurita es uno de los invitados a la FIL de Guadalajara de este año. Un poeta excepcional que descubrí hace muchos (muchísimos) años gracias a David Huerta.

Les dejo un par de poemas y un enlace para que lo disfruten:


Guárdame en ti


Amor mío: guárdame entonces en ti
en los torrentes más secretos
que tus ríos levantan
y cuando ya de nosotros
sólo quede algo como una orilla
tenme también en ti
guárdame en ti como la interrogación
de las aguas que se marchan
Y luego: cuando las grandes aves se
derrumben y las nubes nos indiquen
que la vida se nos fue entre los dedos
guárdame todavía en ti
en la brizna de aire que aún ocupe tu voz
dura y remota
como los cauces glaciares en que la primavera desciende.








Inscripción 178



Te hablan ahora las rompientes de tu vida
Te cuentan de las falsas Itacas,
del naufragio en costas remotas
de tu cansancio doblándote hacia las olas
Te dicen que más allá está el final
de la tierra
que allí el mar se derrumba, que tu mar
amado se derrumba y que los barcos
nunca han vuelto
Te hablan en tu propia noche los temores


Que suenen entonces como algo que se
despierta estos poemas
como algo que está en ti, como algo que cruce el mar y se despierta.








John Banville y Colm Tóibín: mis pasiones irlandesas

El azar (¿el azar?), ése que no será jamás abolido por un golpe de dados, hizo que esta semana coincidieran en mi vida dos excepcionales autores irlandeses: John Banville y Colm Tóibín. Aunque ya había leído un par de novelas de cada uno de ellos, volver a encontrármelos y, sobre todo, a encontrar su escritura, fue un regalo de la vida. Qué fuerza, qué sutileza, qué densidad tienen ambos.

Antigua luz de Banville es un relato de ésos que nos dejan en la piel una huella que difícilmente se borre alguna vez. Las reflexiones sobre la memoria, la muerte y el deseo, acompañan los recuerdos de Alexander Clave, viejo actor de teatro, sobre su primera pasión: la que sintió por la madre de su mejor amigo a los 15 años. Al mismo tiempo, la invitación a participar en la filmación de una película, lo lleva a crear una relación especial con la joven protagonista del film. Las ausencias y los secretos van marcando sus confidencias.

"John Banville (Wexford, Irlanda, 1945), que se convierte en Benjamin Black cuando escribe novela negra, otra de sus pasiones y de gran éxito, explicó, que el trabajo del artista consiste en "concentrarse mucho en el objeto con el que se trabaja, hasta que brille, tenga luz y haga, a quien lo aprecie, mucho más vulnerable y se sonroje". 

"Crear ficción es en cierto modo erotismo", dice. "Amo el lenguaje y trabajo frase a frase, cuidándolas hasta el extremo, el resto se cuida solo; quiero decir que los personajes, la trama, los diálogos van por su propia cuenta. Surgen solos", argumentó el autor de "El Mar", premios Booker e Irish Book Award.

Otro de los aspectos de su nueva novela se refiere a la importancia del mundo de los sueños. "Cuando era joven -aclaró- creía que escribir era un proceso irracional que no podía controlar, pero a medida que voy creciendo, me doy cuenta de que escribir es como soñar. No sé qué es lo que estoy haciendo y digamos, que en ese sentido, es como soñar".
"Antigua Luz" también discurre por una especie de vigilia o duermevela, una suerte de realidades, recuerdos y sueños, que se van entrecruzando por una narración en la que los hombres son más débiles y vulnerables que las mujeres.
"Los hombres tienen miedo a las mujeres porque ellas tienen el secreto de la reproducción. Las mujeres tienen poder sobre los hombres porque ellos necesitan la iluminación, el conocimiento, pero son criaturas torpes, que solo pueden pensar en el sexo", subrayó el escritor. (http://www.milenio.com/cdb/doc/noticias2011/00eff9b81caf08a6aede199fbfd0a7a1)
Vale la pena que le den una mirada a las primeras páginas de la novela:

http://www.alfaguara.com/uploads/ficheros/libro/primeras-paginas/201209/primeras-paginas-antigua-luz.pdf

De Colm Tóibín les hablaré en el siguiente post. ¿Les parece?

¿Buscando qué leer?






¡Aquí van las recomendaciones de la semana!


1) Comienzo con La trama secreta del estupendo narrador mexicano Mauricio Molina. Se trata de un libro en el que se compendian alrededor de 20 años de su trabajo como cuentista. Desde la literatura fantástica a la autoficción, este volumen publicado por el FCE refrenda la importancia del trabajo creativo de Mauricio Molina.






2) El segundo libro que quiero recomendarles hoy es Las dos vidas de Floria de Laura Martínez-Belli. Se trata de la tercera novela de esta autora nacida en Barcelona, criada en Panamá y asentada en México. Una “ciudadana del mundo” como dice ella misma. Las dos vidas de Floria es, como lo dice la propia editorial Planeta, “una maravillosa fábula surreal, dulce y melancólica que nos conecta con la naturaleza, el amor y sus diferentes maneras de entrar en nuestra vida”.




3) Y cerramos nuestras recomendaciones del día con la ácida y provocadora novela La cena del holandés Herman Koch publicada por Salamandra en su colección de libros de bolsillo. La cena responde a una pregunta más que inquietante: ¿Hasta dónde es capaz de llegar un padre para encubrir un hijo que comete un delito injustificable? Suena interesante, no?
Espero que disfruten la lectura de estos tres libros, tanto como la he disfrutado yo misma.




Más sobre el programa de hoy, dedicado al narrador Alberto Chimal, click aquí

El libro del desasosiego

Siempre es bueno volver al gran Fernando Pessoa

Pedí tan poco a la vida y ese mismo poco la vida me lo negó. un haz de parte del sol, un campo próximo, un poco de sosiego con un poco de pan, no pesarme mucho el saber que existo, y no exigir nada de los otros ni ellos nada de mí. esto mismo me fue negado, como quien niega la limosna no por falta de buena alma, sino por tener que desabrocharse la chaqueta. Escribo, triste, en mi cuarto tranquilo, solo como siempre yo he estado, solo como siempre estaré. y pienso si mi voz, aparentemente tan poca cosa, no encarna la sustancia de millares de voces, el hambre de decirse de millares de vidas, la paciencia de millones de almas sometidas como la mía al destino cotidiano, al sueño inútil, a la esperanza sin vestigios. en estos momentos mi corazón late más alto por mi conciencia de él. vivo más porque vivo mayor. Siento en mi persona una fuerza religiosa, una especie de oración, un símil de clamor. pero mi reacción contra mi desciende desde mi inteligencia... me veo en el cuarto piso de la Rua dos Douradores, me ayudo con sueño; miro, sobre el papel medio escrito, la vida sana sin belleza y el cigarro barato que apurándolo extiendo sobre el secante viejo. ¡yo, aquí, en este cuarto piso, interpelando a la vida!, ¡diciendo lo que las almas sienten!, ¡haciendo prosa como los genios y los célebres! ¡yo, aquí, así...! 
(...)
El mundo es de quien no siente. La condición esencial para ser un hombre práctico es la ausencia de sensibilidad. La cualidad principal en la práctica de la vida es aquella cualidad que conduce a la acción, esto es, la voluntad. Ahora bien, hay dos cosas que estorban a la acción –la sensibilidad y el pensamiento analítico, que no es, a fin de cuentas, otra cosa que el pensamiento con sensibilidad. Toda acción es, por naturaleza, la proyección de la personalidad sobre el mundo exterior, y como el mundo exterior está en buena y en su principal parte compuesto por seres humanos, se deduce que esa proyección de la personalidad consiste esencialmente en atravesarnos en el camino ajeno, en estorbar, herir o destrozar a los demás, según nuestra manera de actuar. Para actuar es necesario, por tanto, que no nos figuremos con facilidad las personalidades ajenas, sus penas y alegrías. Quien simpatiza, se detiene. El hombre de acción considera el mundo exterior como compuesto exclusivamente de materia inerte –inerte en sí misma, como una piedra sobre la que se pasa o a la que se aparta del camino; o inerte como un ser humano que, por no poder oponerle resistencia, tanto da que sea hombre o piedra, pues, como a la piedra, o se le apartó o se le pasó por encima. El máximo ejemplo de hombre práctico, por reunir la extrema concentración de la acción junto con su importancia extrema, es la del estratega. Toda la vida es guerra, y la batalla es, pues, la síntesis de la vida. Ahora bien, el estratega es un hombre que juega con vidas como el jugador de ajedrez juega con las piezas del juego. ¿Qué sería del estratega si pensara que cada lance de su juego lleva la noche a mil hogares y el dolor a tres mil corazones? ¿Qué sería del mundo si fuéramos humanos? Si el hombre sintiera de verdad, no habría civilización. El arte sirve de fuga hacia la sensibilidad que la acción tuvo que olvidar. 





12 de noviembre: ¡Feliz cumpleaños, Juana Inés!


En que satisfaga un recelo con la retórica del llanto
Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba,
como en tu rostro y tus acciones vía
que con palabras no te persuadía,
que el corazón me vieses deseaba.

Y Amor, que mis intentos ayudaba,
venció lo que imposible parecía,
pues entre el llanto que el dolor vertía,
el corazón deshecho destilaba.

Baste ya de rigores, mi bien, baste,
no te atormenten más celos tiranos,
ni el vil recelo tu quietud contraste

con sombras necias, con indicios vanos:
pues ya en líquido humor viste y tocaste
mi corazón deshecho entre tus manos.



 
En que describe racionalmente los efectos irracionales del Amor
Este amoroso tormento
que en mi corazón se ve,
sé que lo siento, y no sé
la causa por que lo siento.

Siento una grave agonía
por lograr un devaneo
que empieza como deseo
y para en melancolía.

Y cuando con más terneza
mi infeliz estado lloro,
sé que estoy triste e ignoro
la causa de mi tristeza.

Siento un anhelo tirano
por la ocasión a que aspiro
y cuando cerca la miro
yo misma aparto la mano.

Porque si acaso se ofrece
después de tanto desvelo,
la desazona el recelo
o el susto la desvanece.

Y si alguna vez sin susto
consigo tal posesión,
cualquiera leve ocasión
me malogra todo el gusto.

Siento mal del mismo bien
con receloso temor,
y me obliga el mismo amor
tal vez a mostrar desdén.

Cualquier leve ocasión labra
en mi pecho de manera
que el que imposibles venciera
se irrita de una palabra.

Con poca causa ofendida
suelo en mitad de mi amor
negar un leve favor
a quien le diera la vida.

Ya sufrida, ya irritada,
con contrarias penas lucho,
que por él sufriré mucho
y con él sufriré nada.

No sé en qué lógica cabe
el que tal cuestión se pruebe,
que por él lo grave es leve
y con él lo leve es grave.

Sin bastantes fundamentos
forman mis tristes cuidados,
de conceptos engañados,
un monte de sentimientos.

Y en aquel fiero conjunto
hallo, cuando se derriba,
que aquella máquina altiva
sólo estribaba en un punto.

Tal vez el dolor me engaña,
y presumo sin razón
que no habrá satisfacción
que pueda templar mi saña.

Y cuando a averiguar llego
el agravio por que riño,
es como espanto de niño
que para en burlas y juego.

Y aunque el desengaño toco,
con la misma pena lucho
de ver que padezco mucho
padeciendo por tan poco.

A vengarse se abalanza
tal vez el alma ofendida
y después arrepentida
toma de mí otra venganza.

Y si al desdén satisfago
es con tan ambiguo error
que yo pienso que es rigor
y se remata en halago.

Hasta el labio desatento
suele equívoco tal vez,
por usar de la altivez,
encontrar el rendimiento.

Cuando por soñada culpa
con más enojo me incito,
yo le acrimino el delito
y le busco la disculpa.

No huyo el mal ni busco el bien,
porque en mi confuso error
ni me asegura el amor
ni me despecha el desdén.

En mi ciego devaneo,
bien hallada con mi engaño,
solicito el desengaño
y no encontrarlo deseo.

Si alguno mis quejas oye,
más a decirlas me obliga,
porque me las contradiga,
que no porque las apoye.

Porque si con la pasión
algo contra mi amor digo,
es mi mayor enemigo
quien me concede razón.

Y si acaso en mi provecho
hallo la razón propicia,
me embaraza la injusticia
y ando cediendo el derecho.

Nunca hallo gusto cumplido,
porque entre alivio y dolor
hallo culpa en el amor
y disculpa en el olvido.

Esto de mi pena dura
es algo del dolor fiero
y mucho más no refiero
porque pasa de locura.

Si acaso me contradigo
en este confuso error,
aquel que tuviese amor
entenderá lo que digo. 

http://www.ciudadseva.com/textos/poesia/ha/cruzsor/estatar.htm

Poesía en viernes


FINAL
Fabián Casas

Éste es el patio donde fui chico.
Las baldosas se han gastado un poco y las plantas
han crecido por las rendijas de las paredes.
En esta soledad de la casa deshabitada
tengo la terrible certeza de estar parado sobre una equivocación.
No todo es tan duro, ya lo sé;
pero convengamos que esta falsedad
de tensar los poemas con una catástrofe
se ha convertido ahora en mi segunda naturaleza.
Cuando veo a la gente besándose en las plazas
no puedo dejar de creer en un futuro
donde los únicos vestigios del amor
serán videos
pornográficos.

De El pequeño mecanismo de los acontecimientos, Selección, epílogo y nota de Hernán Bravo Varela, Almadía 2012.

2 de noviembre. Por los que están. Por los que no están.


*
Si hay un nombre secreto, el nombre que un huidizo dios escribiera alguna vez sobre la arena, te llamaría yo piedra, mano, agua que corre, para tratar de adivinar sus designios. Dibujaría entonces sobre tu vientre los signos ambiguos del consuelo - como la hoguera que arde detrás del último médano - para hacer de tu piel mi rezo cotidiano.
Si hay un nombre secreto debe contener dentro de sí todas las palabras. También las del dolor. Las de la ventana que mira a ninguna parte. Las de la ceniza que dio forma a tus huesos. Las del brillo acerado de las aves que viven cada noche dentro de los sueños. O tal vez sean alas de ángeles que repiten el nombre en tus oídos, como cuentan en otoño quienes saben. Bajo una llovizna inacabable. Bebo de ti entonces como si de algas fuera la sal de tu lengua. Bebo para encontrar aquella primera letra. Origen. Vértebra. Vino oscuro que se derrama.


*
Nada se ve, y es apenas un susurro lo que llega de la otra orilla. Palabras ininteligibles. Tal vez una letanía. Una canción infantil. Sólo un contrabajo en re menor para el duelo.

*
Túmulo perdido en el grano más callado de la sal
Sombra de tu cuerpo en las madrugadas de viento
                   Las que guardas en las puntas de los dedos
                   En la huella violenta de las comisuras
Y era humedad de hojas la que inventaba el aliento
Para hablar otra vez  del desfile de tus huesos.
Si nunca aparecieran tras la bruma las voces
Te quedarías sin muelles        Sin retazos de historias
                             Sin la luz que se filtra vuelta rastro del insomne
De nada valdría entonces ser el que invoca el latido de la hierba
La caricia   El canto   La plegaria oscura del desencuentro.
 
*
Agosto será siempre el mes más cruel. Por eso la elegía busca el color de las azaleas que escapan al frío repentino. Muda la certeza de los peces dibuja espirales de ceniza. Habrá que esperar al próximo verano y escarbar entonces con las uñas para hacer del bautizo ceremonia compartida. Húmedas raíces buscan el contorno de las pieles, entre ráfagas feroces de silencio. Cancelado el salmo, los nombres apenas se pronuncian y es de sombra la sombra de sus pasos.  Silere.