Lindo día para leer a Gonzalo Rojas


Al silencio

Oh voz, única voz: todo el hueco del mar,
todo el hueco del mar no bastaría,
todo el hueco del cielo,
toda la cavidad de la hermosura
no bastaría para contenerte,
y aunque el hombre callara y este mundo se hundiera
oh majestad, tú nunca,
tú nunca cesarías de estar en todas partes,
porque te sobra el tiempo y el ser, única voz,
porque estás y no estás, y casi eres mi Dios,
y casi eres mi padre cuando estoy más oscuro.



De la liviandad

Volviendo sobre una línea de Cortázar, las mujeres
cómo recaen. Man Ray
hizo la foto: lomo largo
con todas las vértebras preciosas a la vista y ella cayendo
flexible en el encantamiento, flaca
la pelirroja, lista
para la otra pasarela del placer, los tirantes
por allá, las medias disparadas, y algo más lejos
en la otra punta de la alfombra los dos
zapatos altísimos sin nadie muertos de amor, tristísimos
y viudísimos de ella pidiéndole frenéticos que no,
que su cuerpo blanco no, que no se entregue
a la usurpación, que vuelva
como en el tango, que
no. -Cierren
finas las cortinas.



Fax con ventolera...

Fax con ventolera
y una rosa, hoy
salió de esto Rojas
-Gonzalo como le pusieron en el agua-, iba solo, no hay
epitafio que escribir en cuanto a su suerte, ni
cuerpo que respirar, escasamente
se dirá de él que vino
rápido y ha salido,
que ya no está entonces, que
no hay estrellas para él, que carnalmente
va encima del vidrio que lo encarcela una rosa
a modo de instrumento de perdición, que ha salido
y eso es todo.


Instantánea

El dragón es un animal quimérico, yo soy un dragón
y te amo,
es decir amo tu nariz, la sorpresa
del zafiro de tus ojos,
lo que más amo es el zafiro de tus ojos;

pero lo que con evidencia me muslifica son tus muslos
longilíneos cuyo formato me vuela
sexo y cisne a la vez aclarándome lo perverso
que puede ser la rosa, si hay rosa
en la palpación, seda, olfato

o, más que olfato y seda, traslación
de un sentido a otro, dado lo inabarcable
de la pintura entiéndase
por lo veloz de la tersura
gloriosa y gozosa que hay en ti, de la mariposa,

así pasen los años como sonaba bajo el humo el célebre
piano de marfil en la película; ¿qué fue
de Humphrey Bogart y aquella alta copa nórdica
cuya esbeltez era como una trizadura: qué fue
del vestido blanco?

Décadas de piel. De repente el hombre es décadas de piel, urna
de frenesí y
perdición, y la aorta
de vivir es tristeza,
de repente yo mismo soy tristeza;

entonces es cuando hablo con tus rodillas y me encomiendo
a un vellocino así más durable
que el amaranto, y ahondo en tu amapola con
liturgia y desenfreno,
entonces es cuando ahondo en tu amapola,
y entro en la epifanía de la inmediatez
ventilada por la lozanía, y soy tacto
de ojo, apresúrate, y escribo fósforo si
veo simultáneamente de la nuca al pie
equa y alquimia.




Ese no sé qué que queda balbuciendo


Para cerrar la semana, algo de poesía del gran Pedro Salinas, algo de amor y de ese no sé qué que queda balbuciendo

Ahora te quiero...

Ahora te quiero,
como el mar quiere a su agua:
desde fuera, por arriba,
haciéndose sin parar
con ella tormentas, fugas,
albergues, descansos, calmas.
¡Qué frenesí es, quererte!
¡Qué entusiasmo de olas altas,
y qué desmayos de espuma
van y vienen! Un tropel
de formas, hechas, deshechas,
galopan desmelenadas.
Pero detrás de sus flancos
está soñándose un sueño
de otra forma más profunda
de querer, que está allá abajo:
de no ser ya movimiento,
de acabar este vaivén,
este ir y venir, de cielos
a abismos, de hallar por fin
la inmóvil flor sin otoño
de un quererse quieto, quieto.
Más allá de ola y espuma
el querer busca su fondo.
Esta hondura donde el mar
hizo la paz con su agua
y están queriéndose ya
sin signo, sin movimiento.
Amor
tan sepultado en su ser,
tan entregado, tan quieto,
que nuestro querer en vida
se sintiese
seguro de no acabar
cuando terminan los besos,
las miradas, las señales.
Tan cierto de no morir,
como está
el gran amor de los muertos.



La voz a ti debida

Tú vives siempre en tus actos. 
Con la punta de tus dedos 
pulsas el mundo, le arrancas 
auroras, triunfos, colores, 
alegrías: es tu música. 
La vida es lo que tú tocas. 

De tus ojos, sólo de ellos, 
sale la luz que te guía 
los pasos. Andas 
por lo que ves. Nada más. 

Y si una duda te hace 
señas a diez mil kilómetros, 
lo dejas todo, te arrojas 
sobre proas, sobre alas, 
estás ya allí; con los besos, 
con los dientes la desgarras: 
ya no es duda. 
Tú nunca puedes dudar. 

Porque has vuelto los misterios 
del revés. Y tus enigmas, 
lo que nunca entenderás, 
son esas cosas tan claras: 
la arena donde te tiendes, 
la marcha de tu reloj 
y el tierno cuerpo rosado 
que te encuentras en tu espejo 
cada día al despertar, 
y es el tuyo. Los prodigios 
que están descifrados ya. 

Y nunca te equivocaste, 
más que una vez, una noche 
que te encaprichó una sombra 
-la única que te ha gustado-. 
Una sombra parecía. 
Y la quisiste abrazar. 
Y era yo.



AUNQUE BIEN SÉ QUE NO ME EXTRAÑAS, Rubén Bonifaz Nuño



Aunque bien sé que no me extrañas,
aunque tengo la razón, me acuerdo:
el cáncer terminó; te ausentas
por todo lo mal que supe amarte.

Ya fui desventurado cuando
estuviste aquí, y en el momento
donde te vas, me desventuro.
La sola ventaja de estar ciego
es acaso no poder mirarte.

Ya morir sin arrepentimiento
es mi esperanza, y te lo digo
porque al fin te conozco;
que si he pedido muchas cosas,
pude pagar con sobreprecio
las pocas que me fueron dadas.

Mientras más mal te portas, mucho
más te voy queriendo, y porque espero
menos, me injurio y te acrecientas.
Así tuvo que ser: de tanto
que te procuré, me aborreciste;
tan sólo pesares te he dejado.

Raspaduras de celos, dudas
que no opacaron la certeza
de cuanto en ti me desolaba.

Tú, como si nada, te diviertes;
pero entristécete:
si todos sabrán que estoy quemado,
ninguno sabrá que por tus llamas.

Vete como de veras; pierde
el número atroz de este teléfono,
la dirección que no aprendiste,
aquel corazón tan despistado.

Igual sigue siendo todo; nadie
hay como tú, por mi fortuna;
pero a nadie como tú he llegado.

En el agua escrito y en el viento
quedó el amor perpetuo. Sombras.
Y me quemo, y de mejor violencia
—ay, mamá— te alumbro al apagarme.

Ya te conozco, ya obligado
soy a bien quererte y despreciarme.
Pero no, porque me da vergüenza;
pero sí, porque me estoy muriendo
sin voluntad ni penitencia.

Y por todo: porque no quisiste
permanecer, porque me olvidas,
porque me voy tristeando, gracias
te doy. Y por andar de noche.

Aunque bien sé que no me extrañas,
aunque tengo la razón, me acuerdo:
el cáncer terminó; te ausentas
por todo lo mal que supe amarte.

Ya fui desventurado cuando
estuviste aquí, y en el momento
donde te vas, me desventuro.
La sola ventaja de estar ciego
es acaso no poder mirarte.

Ya morir sin arrepentimiento
es mi esperanza, y te lo digo
porque al fin te conozco;
que si he pedido muchas cosas,
pude pagar con sobreprecio
las pocas que me fueron dadas.

Mientras más mal te portas, mucho
más te voy queriendo, y porque espero
menos, me injurio y te acrecientas.
Así tuvo que ser: de tanto
que te procuré, me aborreciste;
tan sólo pesares te he dejado.

Raspaduras de celos, dudas
que no opacaron la certeza
de cuanto en ti me desolaba.

Tú, como si nada, te diviertes;
pero entristécete:
si todos sabrán que estoy quemado,
ninguno sabrá que por tus llamas.

Vete como de veras; pierde
el número atroz de este teléfono,
la dirección que no aprendiste,
aquel corazón tan despistado.

Igual sigue siendo todo; nadie
hay como tú, por mi fortuna;
pero a nadie como tú he llegado.

En el agua escrito y en el viento
quedó el amor perpetuo. Sombras.
Y me quemo, y de mejor violencia
—ay, mamá— te alumbro al apagarme.

Ya te conozco, ya obligado
soy a bien quererte y despreciarme.
Pero no, porque me da vergüenza;
pero sí, porque me estoy muriendo
sin voluntad ni penitencia.

Y por todo: porque no quisiste
permanecer, porque me olvidas,
porque me voy tristeando, gracias
te doy. Y por andar de noche.

"Leche" Edward Hirsch


Mi madre no se dejó arrear a amamantar
y decidió que la fórmula era más saludable
que el líquido de sus pechos.

Así que yo nunca chupé una sola gota 
de aquella fuente, ese río desecado.
Siempre me llegó embotellada.

Pero una noche hacia mis treinta y cinco
en un cuarto de espejos de la Carretera 59
una mujer que cargaba a una bebita

volteó a verme con una enigmática sonrisa,
me tomó el rostro entre sus manos rajadas
y depositó la punta de su pezón en mi boca.

Esto pasó hace mucho tiempo y en otra ciudad
y no es bueno hablar de ello.
Ha sido infantil traerlo a cuento en terapia.

Y sin embargo es uno de esos momento
- extraviados, involuntarios - que resurgen
desde el pasado sin la menor conciencia:

Ella me alza el rostro y yo pruebo
el súbito chorro de ese néctar,
la incurable dulzura que es la vida.


Tomado del libro Aligeren la oscuridad, traducción de Pedro Serrano, México, Cooperativa La Joplin, 2012.



Edward Hirsch (Estados Unidos 1950).
Es poeta y crítico. Ha publicado siete libros de poemas: For the sleepwalkers (1981), Wild Gratitude (1986), con el cual ganó el National Book Critics Circle Award, The Night Parade (1989), Earthly Measures (1994), One Love (1998), Lay Back the Darkness (2003), y Special Orders (2008). También escribió cuatro libros de prosa: el bestseller How to read a poem and fall in love with poetry (1999), Responsive Reading (1999), The Demon and the Angel: Searching for the source or artistic inspiration (2002), y Poet’s choice (2006).
Es el editor de Transforming Vision: Writers on art (1994), y de Theodore Roethke’s selected poems (2005). Ha recibido el Prix de Rome, el American Academy of Arts and Letters Award for Literature y una MacArthur Fellowship. Obtuvo una Guggenheim Fellowship en poesía en 1985. Desde 2002 se ha desempeñado como miembro del consejo directivo de la Fundación y en 2003 se convirtió en su cuarto presidente.



¿Te dije ya que amo hundirme en tus caderas?

Como si el mar fuera de fiesta, tu piel me recibe entres sus vientos y es de sal la dulzura de tu aurora. Celebro una vez más este naufragio como quien celebra el mejor de los oficios.

Ritual marino iluminando la sangre; no hay más nombre que el que dicta tu aliento ni otra plegaria que el abrazo.

En la orilla de tu cuerpo

Y fue de otros la huella del desierto
de los que tocaron los pliegues de tu piel
de los que navegaron por tu voz de madrugada
de los que escribieron salmos a tus ojos
y enloquecidos se desnudaron en las esquinas.

En el centro mismo de la aurora, las rocas tienen la tibieza del aliento.
Sobre el horizonte son naranjas las líneas de tu espalda 
                                                       y un incendio las palabras.
Destellos de luz ocupan el silencio.
Si hubo un principio fue en la orilla de tu cuerpo.



Permítanme la cursilería 3

Bitácora
Cristina Peri Rossi

No conoce el arte de la navegación
quien no ha bogado en el vientre
de una mujer, remado en ella,
naufragado
y sobrevivido en una de sus playas.

(Lingüística general, 1979)

Permítanme la cursilería 2

Amor se fue
Macedonio Fernández

Amor se fue.
Mientras duró,
de todo hizo placer. Cuando se fue,
nada dejó
que no doliera.

Permítanme la cursilería 1

La enamorada
Paul Éluard

Ella vive de pie sobre mis párpados
Sus cabellos están entre los míos
Tiene la forma exacta de mis manos
Y el color de mis ojos que la miran
Ella se hunde entre mi propia sombra
Como una piedra en el azul del cielo.

Ella tiene los ojos siempre abiertos
Y me impide dormir con su mirada
A plena luz sus sueños luminosos
Hacen evaporar todos los soles
Sus sueños me hacen sollozar reír
Y hablar sin tener nada que decir...

Versión de Andrés Holguín

Fisuras - Esther Seligson

El aniversario de su aún llorada muerte, ocurrida el 8 de febrero de 2010, y una invitación de la Universidad Hebraica a dar una conferencia sobre escritoras judeo-mexicanas, me llevan nuevamente a la excepcional obra de Esther Seligson. Para mí, Esther es una de las mejores creadoras de nuestro país. Comparto con ustedes este texto, "Fisuras", publicado en el libro Cicatrices (FONCA, Páramo Ediciones, 2009) y la hermosa foto de Rogelio Cuéllar.




“all around is jail
the way has no end
but what does it matter”
Breyten Breytenbach
Poem on toillet paper


La fisura está siempre ahí, no es que de pronto se abra como un inesperado brote de musgo en la pared o un bache de lodo bajo los pies: es, súbita, como una urgencia que la hiciese asomar su sombra para aspirar entre los delgados bordes una bocanada de aire, imperiosa, sin razón precisa, inesperadamente. Y cuando asoma la fisura, igual a un delgado cristal, se estrella en un sinfín de diminutas rajaduras donde imágenes del pasado gotean e inciden unas en las otras hasta confundir presente y futuro en una añeja nostalgia de ya no recuerdo qué pero cuya melodía hiere las fibras epidérmicas y los filamentos y me reduce a una masa obscura y translucida como cuarzo ahumado poroso de insoportable sensitividad. 

También yo escribo en tierra de nadie; y aunque sea en mi lengua materna me duele igual, extranjera acosada por un diálogo sordo, no el silencio, no esa Voz Callada, sino la sordera, sencillamente la sordera, el impune crimen de la negligencia. Huérfana es la tierra en que escribo y donde ojos ciegos deletrean hasta quemar mi lengua materna, hasta enmudecerla, que ni yo la entienda.

¿Para qué hablar de lo que no quiero escuchar, palabras huecas, ensordecientes? ¿Para qué tenderme una mano trunca, la palma muda, los dedos vacíos? Ay exilio, qué feroz equivocación esta tierra de nadie, destino apátrida mi lengua materna amor traicionero, provincia devastada: ninguna paloma mensajera, ave errante o colibrí.

A veces del “más allá” la música que amabas, un guiño pícaro para no desesperanzar, consuelo de otro lenguaje como piedrecilla que rodará desde alguna montaña invisible. ¿Cómo recobrar el espejo de tu voz, ángel de alas rotas? Dondequiera que pise me devasta la banalidad, el parloteo, y no sé pactar, no soy tolerante. Se repudren cual fruta pasada los vocablos no escritos, palabras sin destinatario.

La gente tiene miedo de tocarse el dolor; o, por el contrario, lo ha vuelto costumbre: todos los infortunios son pocos, son ninguno. La luz del atardecer se confunde en el cielo oscuro de tan nublado, se diría noche prematura, y ya olvidé abrazar y está reseca en la garganta la ternura no cantada. Me agosta la inmolación cotidiana de amaneceres limpios de terrorismo y discursos. Estoy derrotada: le he ocultado el rostro a Dios…

´Libros prohibidos' con Sandra Lorenzano. Las desventuras del joven Werther 04/02/13


Cada lunes en El Weso, por W Radio...
Libros prohibidos. Viajando con el Señor Tijeras.
Sandra Lorenzano nos cuenta sobre la ola de suicidios relacionados con la publicación de "Las cuitas de joven Werther" apasionate libro de Goethe.




Escucha el programa completo en: http://www.wradio.com.mx/escucha/programas/el-weso-del-lunes-04-de-febrero-parte-ii/20130204/programa/388268.aspx?au=1836368

"Centímetro a centímetro", Rubén Bonifaz Nuño



-Piel, cabello, ternura, olor, palabras-
mi amor te va tocando.
Voy descubriendo a diario, convenciéndome
de que estás junto a mí, de que es posible
y cierto; que no eres,
ya, la felicidad imaginada,
sino la dicha permanente,
hallada, concretísima; el abierto
aire total en que me pierdo y gano.

Y después, qué delicia
la de ponerme lejos nuevamente.
Mirarte como antes
y llamarte de "usted", para que sientas
que no es verdad que te haya conseguido;
que sigues siendo tú, la inalcanzada;
que hay muchas cosas tuyas
que no puedo tener.

Qué delicia delgada, incomprensible,
la de verte lejos,
y soportar los golpes de alegría
que de mi corazón ascienden
al acercarse a ti por vez primera;
siempre por primera, a cada instante.
Y al mismo tiempo, así, juego a perderte
y a descubrirte, y sé que te descubro
siempre mejor de como te he perdido.

Es como si dijeras:
"Cuenta hasta diez, y búscame", y a oscuras
yo empezara a buscarte, y torpemente
te preguntara: ¿estás allí?", y salieras
riendo del escondite,
tú misma, sí, en el fondo; pero envuelta
en una luz distinta, en un aroma
nuevo, con un vestido diferente.

Programa 139. Javier Cercas. En busca del cuento perdido


Hoy en En Busca del Cuento Perdido, conoce la nueva novela de Javier Cercas, Las leyes de la frontera.
Además, un fragmento de la charla que sostuvieron Sandra Lorenzano con el autor.

Más sobre el programa: http://enbuscadelcuentoperdido.blogspot.com.ar/2013/02/139-javier-cercas.html

Javier Cercas, Las leyes de la frontera

En internet escúchalo por: A través de Horizonte http://www.horizonte.imer.com.mx/ 
Ciudad de México: 15 horas; Sinaloa 14:00; Buenos Aires y Montevideo: 18 horas; Madrid: 21:00 horas; Bogotá: 16:00 hrs; Los Ángeles: 13:00 hrs. 
Suscríbete al podcast y escucha los más de 130 programas en: http://enbuscadelcuentoperdido.blogspot.com/



Algo de Clara Janés para celebrar el deseo y la poesía

El banquete que os propongo es para el día de mi muerte...

El banquete que os propongo es para el día de mi muerte
y responde al amor que yo siento y deseo:
pido que se me coma,
que mi ser en no ser no se mude
sino en puro alimento;
comunión caníbal suplico,
génesis en el otro.

Nadie quiere comerme,
enferma estoy de amor.

"Vivir" 1983


Me dejaré morir en tu silencio...

Me dejaré morir en tu silencio,
que de noche me diste de comer
los frutos del cerezo
en tu alcoba de sombras
sangrantes de perfume
y nada más deseo.

Me dejaré morir en tu silencio.

"Kampa" 1986


Fue al alba...

Fue al alba,
perdona por la hora.
Tus párpados del sueño callaban
debajo de mi almohada
y al irrumpir la luz primera
se dibujó en el blanco
tu entrecejo fruncido
y tu voz murmuró unas palabras.
En el candil
dejaste un gesto de fatiga
y luego
tu mirada me llamó
desde las rosas.
Corrí a abrazarlas
y me senté a la mesa
y en el papel vacío
seguí los trazos
que tu mano deslizaba.
Desenredó del miedo
el oculto sentido,
del miedo a ya no ser para ser con,
del miedo a no saber
si uno podrá abarcar esa divina mutación
de ser en uno dos,
siendo arrancado
y arrancando así al otro de la muerte.
Y en la página
tomó vivo sentido
la palabra resurrección.

"Kampa I - Antología personal" 1979



Paso a paso...


Paso a paso
Desconfía de aquellos
que no han considerado nunca
el suicidio.
Van haciendo paso a paso el camino,
cegándose al abismo que siempre acosa al hombre

Entran en la matemática rueda
de la materia.
Se hacen invulnerables a la desesperación.
Cuentan incluso, fríamente,
con el corazón.

"Libro de alienaciones" 1980