Una feroz angustia ante un país que se descompone a pasos acelerados

El jueves, en el festejo de aniversario de "En busca del cuento perdido", una mujer se acercó a decirme: "Sandra, por favor di en tu programa que somos muchos los maestros que amamos nuestros trabajo y a nuestros niños".
No necesitan recordármelo, desde siempre amo y admiro a los maestros. Mi abuela era maestra y yo desde chiquita dije que quería serlo también. Hace más de 30 años que paso mis días dentro de un salón de clases. Sé de memoria los nombres de todos mis maestros, desde jardín de infantes a doctorado. Les tengo especial agradecimiento a aquellos que me han marcado; a aquellos por los cuales he decidido mi vocación y mis complicidades. Mis afinidades electivas.
El monstruo era el SNTE y su "lideresa". Ahora es la CNTE. Hay cosas positivas y cosas deplorables en la reforma educativa. Analicemos, discutamos, propongamos. No nos sumemos a la polarización que nos proponen.
¿No será que en el "modelo de país" la educación no tiene lugar? ¿No estaremos buscando hacer de la gran mayoría de nuestros jóvenes sólo mano de obra dizque calificada para la maquila?
No tengo respuestas a ninguna de estas cuestiones. Sólo más y más preguntas. Y una feroz angustia ante un país que se descompone a pasos acelerados.
Perdón por escribir a vuelapluma. Solamente quiero compartir con ustedes mis temores y mis tristezas.

¿Qué otra cosa puede decirse en una noche como ésta?




Il pleut dans mon coeur...   
Paul Verlaine (1844-1896)

                    Il pleut doucement sur la ville.
                    Arthur Rimbaud

Il pleure dans mon coeur
Comme il pleut sur la ville,
Quelle est cette langueur
Qui pénètre mon coeur ?

Ô bruit doux de la pluie
Par terre et sur les toits !
Pour un coeur qui s'ennuie
Ô le chant de la pluie !

Il pleure sans raison
Dans ce coeur qui s'écœure.
Quoi ! nulle trahison ?
Ce deuil c'est sans raison.

C'est bien la pire peine
De ne savoir pourquoi,
Sans amour et sans haine,
Mon coeur a tant de peine !




Llora en mi corazón...

                              Llueve suavemente sobre la ciudad
                              Arthur Rimbaud

Llora en mi corazón
Como llueve sobre la ciudad
¿Qué es esta desazón
Que penetra mi corazón?

Ay, ruido dulce de la lluvia
Por la tierra y sobre los techos
Para un corazón que es abulia
Ay, el canto de la lluvia

Llora y no hay razón
En este corazón que siente asco
¡Qué! ¿Ninguna traición?
Este duelo se da sin razón

Y es así de todos el peor dolor
De no saber por qué
Sin amor y sin rencor
Mi corazón tiene tanto dolor

Una de las dedicatorias más bellas de la historia de la literatura

Escribir un poema es ensayar una magia menor. El instrumento de esa magia, el lenguaje, es asaz misterioso. Nada sabemos de su origen. Sólo sabemos que se ramifica en idiomas y que cada uno de ellos consta de un indefinido y cambiante vocabulario y de una cifra indefinida de posibilidades sintácticas. Con esos inasibles elementos he formado este libro. (En el poema, la cadencia y el ambiente de una palabra pueden pesar más que el sentido.)

De usted es este libro, María Kodama. ¿Será preciso que le diga que esta inscripción comprende los crepúsculos, los ciervos de Nara, la noche que está sola y las populosas mañanas, las islas compartidas, los mares, los desiertos y los jardines, lo que pierde el olvido y lo que la memoria transforma, la alta voz del muecín, la muerte de Hawkwood, los libros y las láminas?

Sólo podemos dar lo que ya hemos dado. Sólo podemos dar lo que ya es del otro. En este libro están las cosas que siempre fueron suyas. ¡Qué misterio es una dedicatoria, una entrega de símbolos!

Jorge Luis Borges, Los conjurados

¡Feliz cumpleaños, Maestro!

Jorge Luis Borges, 25 de agosto de 1899 - 14 de junio de 1986.


"Hiroshima, mon amour", a 68 años de la bomba atómica



   
No has visto nada en Hiroshima

1.
Las pieles; quizás lo más impresionante sean las pieles. Pieles en las que la cámara se detiene morosa, ¿dulcemente?, ¿perversamente? Las pieles de Hiroshima. Las pieles de los que se aman en Hiroshima. Las pieles de los que están muriendo en Hiroshima; pieles condenadas por el horror.
La primera imagen muestra fragmentos de dos cuerpos acariciándose; parecen cubiertos de arena bajo la lente, cubiertos de agua. Las imágenes son memoria. El agua, la arena se asemejan, quizás demasiado, a la textura de algunos de los cuerpos de los sobrevivientes de Hiroshima (más allá de los números, de los 200 mil muertos y los 80 mil heridos en los primeros nueve segundos, en una población de 325 mil personas, más allá del dato frío, ¿hubo sobrevivientes en Hiroshima? ¿Hemos sobrevivido a Hiroshima?).
Dos cuerpos se acarician - ella y él, sus nombres -; el film intercala imágenes del dolor que ella ha visto en Hiroshima: caras y cuerpos deformes, muñones, llanto. Imágenes imposibles. "He visto todo en Hiroshima", dice en off una voz femenina. "No has visto nada", le contesta el hombre. "Lo sé todo". "No sabes nada de Hiroshima". Vemos fragmentos de los cuerpos que se aman. Fragmentos de los cuerpos dolientes; de los cuerpos de las víctimas de Hiroshima.
En 1959, Alain Resnais filmó "Hiroshima, mon amour" sobre un guión de Marguerite Duras. Catorce años antes - el 6 de agosto de 1945 - "Little boy" (absurdo nombre para una bomba atómica) estalló sobre Hiroshima. Tres días después, otra bomba destruyó Nagasaki. Los nazis se habían rendido el 9 de mayo de 1945.





2.
¿Qué es "Hiroshima, mon amour"? Es una película sobre el amor; sobre el amor desgarrado porque no hay otra forma de amar después de Hiroshima ("Tú me destruyes. Tú me haces bien".) 
Es una película sobre la memoria y sobre el olvido; sobre la tensión que se establece entre ambos ("Tengo buena memoria; conozco el olvido".) "No sabes nada de Hiroshima", le repite la voz del amante japonés a la actriz francesa que participa en una película de paz. "No sabes nada de Hiroshima", quiere decir "no estuviste aquí, por lo tanto no puedes hablar sobre esta tragedia". No basta visitar un museo o conmoverse con las imágenes; no basta estremecerse ante los rostros del espanto. "No sabes nada de Hiroshima". Y esta frase que se repite una y otra vez a lo largo del texto de Duras, pone en escena un elemento clave: el testimonio. ¿Quiénes saben? ¿Quiénes pueden hablar? ¿Hay acaso testimonio posible? Escribe Elie Wiesel, sobreviviente de Auschwitz: “Los que no han vivido esa experiencia nunca sabrán lo que fue; los que la han vivido no la contarán nunca; no verdaderamente, no hasta el fondo. El pasado pertenece a los muertos”.
  Nunca sabremos lo que fue. No sabemos nada de Hiroshima. La frase es también para nosotros, espectadores de una historia con la que mantenemos el mismo compromiso transitorio, quizás superficial, que con cualquier otra película. Espectadores o lectores de noticias: "El 6 de agosto se cumple un aniversario más...". 
"¿Qué significó para ti Hiroshima, en Francia?" - le pregunta él a ella en uno de los diálogos de la película -. "El fin de la guerra. El final absoluto. Estupor de que se hubieran atrevido. Después, el principio de un miedo desconocido. Y más adelante la indiferencia. Y el miedo a la indiferencia también." Entre la memoria y el olvido.
Para los griegos, la memoria y la imaginación pertenecían a la misma parte del alma. ¿Cómo, entonces, imaginar un futuro posible sin memoria? Lo que corremos el riesgo de olvidar se sitúa también en el futuro. ¿Para qué otra cosa “sirven” los genocidios sino para borrar la memoria del futuro? Múltiples futuros posibles son los que han sido "desaparecidos" de la historia oficial a lo largo de los siglos. La tensión entre memoria y olvido, entre el afán de preservar el recuerdo y los intentos de borrarlo, dibuja un campo problemático que remite, en última instancia, a una concepción determinada de la historia y de su incidencia sobre el presente. Si "amnesia" y "amnistía" tienen un origen etimológico común que refiere a un campo semántico compartido, rescatar la memoria de su posible caída en el agujero negro del olvido es un gesto político opuesto a cualquier intento de borramiento. 


3.
¿Qué es "Hiroshima, mon amour"? Visto desde esta perspectiva es, fundamentalmente, una profunda reflexión acerca de la relación entre el arte y el horror. El siglo XX mostró el revés de la medalla de la modernidad ilustrada; su rostro tiene el signo de la catástrofe. 
La reflexión de Theodor Adorno acerca de la imposibilidad del arte, de la escritura, de la poesía después de Auschwitz ronda y marca cada obra concebida a partir de ese momento ("Escribir un poema después de Auschwitz es un acto de barbarie..."). Pero no se trata de una prohibición, como fue tomada por muchos de sus contemporáneos, sino de un profundo cuestionamiento moral. Lo imposible es escribir o pintar o filmar como si nada hubiera sucedido.
"No puedo encender el fuego, no conozco la plegaria, ya no sé cómo encontrar el sitio en el bosque, ya ni siquiera sé contar la historia. Lo único que sé hacer es contar que ya no sé relatar esa historia. (...) En el mundo en el que “todo es posible”, “no hay problema”, “todo se puede arreglar”, la escritura, que también sigue siendo posible, declara lo imposible y se expone a ello."
 (Jean-Francois Lyotard)

No sabemos nada de Hiroshima, pero sabemos que en ese momento la humanidad  descubrió la posibilidad concreta de su aniquilación. ¿Cómo hablar de esa aterradora frontera? Fragmentos de memorias, poética de ruinas, el arte sólo puede testimoniar la imposibilidad como lo dice Lyotard. Reconocer esta imposibilidad, reconocer la insuficiencia de las palabras, de los gestos, de los silencios, transmitir ese núcleo de lo indecible es el camino que buscan explorar las pieles, los cuerpos de "Hiroshima, mon amour".