22/1/13

´Libros prohibidos' con Sandra Lorenzano. El Cartero de Neruda 21/01/13

Cada lunes en El Weso, por W Radio...
Libros prohibidos. Viajando con el Señor Tijeras.



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Por qué los libros prolongan la vida

Por qué los libros prolongan la vida

Umberto Eco


No hace mucho me entretenía imaginándome a aquellos progenitores nuestros que hablaban de sus esclavos adiestrados en trazar caracteres cuneiformes como si fueran modernos computers. Me entretenía pero no bromeaba. Cuando hoy leemos artículos preocupados por el porvenir de la inteligencia humana frente a nuevas máquinas que se aprestan a sustituir nuestra memoria, advertimos un aire de familia. [...] 

La misma reacción de terror debe de haber sentido quien vio por primera vez una rueda. Habrá pensado que nos olvidaríamos de caminar. Acaso los hombres de aquel tiempo estaban más dotados que nosotros para realizar maratones en los desiertos y en las estepas, pero morían antes y hoy serían dados de baja en el primer distrito militar. Con esto no quiero decir que, por esa razón, no nos debamos preocupar de nada y que tendremos una bella y sana humanidad habituada a merendar sobre la hierba de Chernobyl; si acaso, la escritura nos ha hecho más hábiles para comprender cuándo debemos detenernos, y quien no sabe detenerse es analfabeto, aunque vaya en cuatro ruedas. [...] 

¿Qué hemos ganado? ¿Qué ha ganado el hombre con la invención de la escritura, la imprenta, las memorias electrónicas? 

En una ocasión, Valentino Bompiani hizo circular una frase: “Un hombre que lee vale por dos”. Dicha por un editor, podría ser entendida solamente como un eslogan feliz, pero pienso que significa que la escritura (en general, el lenguaje) prolonga la vida. Desde los tiempos en que la especie comenzaba a emitir sus primeros sonidos significativos, las familias y las tribus necesitaron de los viejos. 

Quizá primero no servían y eran desechados cuando ya no eran eficaces para la caza. Pero con el lenguaje, los viejos se han convertido en la memoria de la especie: se sentaban en la caverna, alrededor del fuego y contaban lo que había sucedido (o se decía que había sucedido, ésta es la función de los mitos) antes de que los jóvenes hubieran nacido. Antes de que se comenzara a cultivar esta memoria social, el hombre nacía sin experiencia, no tenia tiempo para forjársela y moría. Después un joven de veinte años era como si hubiese vivido cinco mil. Los hechos ocurridos antes de que él naciera, y lo que habían aprendido los ancianos, pasaban a formar parte de su memoria. 

Hoy los libros son nuestros viejos. No os damos cuenta, pero nuestra riqueza respecto del analfabeto (o del que, alfabeto, no lee) consiste en que él está viviendo y vivirá sólo su vida y nosotros hemos vivido muchísimas. [...] 

Esto podría dar a alguien la impresión de que, no bien nacemos, ya somos insoportablemente ancianos. Pero es más decrépito el analfabeto (de origen o de retorno) que padece de arteriosclerosis desde niño, y no recuerda (porque no sabe) qué ocurrió en los idus de marzo (*) Naturalmente, también podríamos recordar mentiras, pero leer ayuda también a discriminar. No conociendo las culpas de los demás, el analfabeto ni siquiera conoce los propios derechos. 

El libro es un seguro de vida, una pequeña anticipación de inmortalidad. Hacia atrás (¡ay!) más que hacia adelante. Pero no se puede tener todo y al instante.



Humberto Eco. La Nación, 1997 (fragmento)






(*) Idus: En el antiguo calendario romano, día que corresponde al 13 de nuestro calendario, excepto en los meses de marzo, mayo, julio y octubre, en que corresponde al 15. Julio César, el emperador romano, fue asesinado en los idus de marzo.

21/1/13

En busca del cuento perdido, programa 137. El doble, el otro



Hoy vamos a hablar de uno de los temas más fascinantes de la literatura: el tema del doble, del “doppelgänger” como se lo llama con un término en alemán que ya forma parte de todas las lenguas. Término creado por el novelista Jean Paul y que significa literalmente “el que camina al lado”. Se trata de un tema recurrente en un número enorme de cuentos y novelas de ciencia ficción, de terror, de fantasía. ¿Será que se trata de un tema con raíces en nuestro propio inconsciente?
http://enbuscadelcuentoperdido.blogspot.com


18/1/13

Memorias del horror o Susan Sontag como pretexto

Los invito a entrar a este artículo que surgió a partir de la lectura del libro de Sontag, Ante el dolor de los demás:

http://www.debatefeminista.com/PDF/Articulos/memori226.pdf






14/1/13

Las recomendaciones de la semana. En busca del Cuento Perdido



Las recomendaciones de la semana en En busca del cuento perdido


1. La primera recomendación es la reedición que Editorial Océano hizo de la novela más importante del reciente Premio Nobel chino Mo Yan. Se trata de Sorgo rojo. “Ambientada en una zona rural es una novela sobre la familia, el mito y la memoria, en la que fábula e historia se unen para crear una ficción cruel e inolvidable. La narración arranca con la invasión japonesa de los años treinta, y cuenta la conmovedora historia de tres generaciones de una familia.”






2. La segunda recomendación es Cruzar la sombra, libro de cuentos de la narradora mexicana Silvia Molina, editado por Cal y Arena, en el que se reúnen dos volúmenes publicados anteriormente de manera independiente - Dicen que me case yo y Un hombre cerca - así como cuentos nuevos en los que a la tradicional variedad de voces y la exploración de los sentimientos que realiza Molina, se suma un muy agradecible toque de ironía y humor.  


3. El tercer libro que recomendamos hoy es una joyita publicada por Páginas de Espuma y Colofón: se trata de Escribir ficción de la gran escritora norteamericana Edith Wharton. Qué maravilla poder zambullirnos en las páginas de este libro que son una suerte de “manual de escritura creativa”, en el cual la primera mujer en recibir el prestigioso Premio Pulitzer, nos devela muchos de sus propios secretos.






Programa 136. Dedicado a Simone de Beauvoir.

¡Consulta los contenidos de este programa y las indicaciones para colaborar en el siguiente!

Vivaldi en el siglo XXI

Gracias a Pablo Espinosa (y al artículo que el sábado publicó en La Jornada, y que aquí reproduzco), descubrí la maravillosa obra de Max Richter sobre "Las cuatro estaciones" de Vivaldi. Ojalá la disfruten tanto como yo.











Disquero
Las Cuatro Estaciones de Vivaldi del siglo XXI
Pablo Espinosa
Periódico La Jornada
Sábado 12 de enero de 2013, p. a16
He aquí un nuevo descubrimiento, un nuevo motivo de gozo, una aventura para vivirla intensamente: Recomposed by Max Richter. Vivaldi The Four Seasons, se titula esta novedad discográfica que mantiene, ya por varias semanas, literalmente en éxtasis al Disquero.
Estos son los antecedentes: la disquera más importante del planeta, la alemana Deutsche Grammophon, inició hace algunos años una serie formidable: Recomposed by,consistente en encargar a jóvenes compositores, con públicos asiduos cada uno de ellos, para que retrabajen partituras de autores consagrados, con el propósito de atraer nuevos públicos a la música de concierto.
El primer disco de esta serie estuvo a cargo de Matthias Arfman, a quien siguió, en el segundo volumen de la serie, Jimmi Tenor, y enseguida la pareja Carl Craigen y Moritz von Oswald.
El cuarto volumen fue encomendado a Matthew Herbert, ese mago del sampleo, quien grabó sonidos (un poco a la manera del protagonista de Historia de Lisboa, de Wim Wenders) cerca de la tumba de Gustav Mahler, en el cementerio Grinzing, de Viena. Y también se puso a grabar sonidos de radio emitidos dentro de un ataúd.
El quinto y nuevo volumen acaba de publicarse y es una obra maestra: a diferencia de sus antecesores, todos alemanes, el maestro Max Richter, de 46 años de edad y con una trayectoria fulgurante, no recurrió al manido arte del sampler para rescribir una de las obras más cercanas al corazón de muchos humanos: las Cuatro Estaciones de Vivaldi, con resultados exultantes.
Realizar intervenciones a esa partitura, costumbre adoptada por los anteriores autores de esta serie, hubiera sido, en palabras del propio Richter,tan frustrante como ponerse en excavar en una mina, encontrar diamantes, pero no poderlos sacar a la superficie. Para lograrlo, se metió de clavado en la partitura, nota a nota, compás por compás, la abrió en canal y literalmente la volvió a escribir.
El compromiso con el cual Richter realizó este trabajo es resultado de la fascinación: para él, Las Cuatro Estaciones es un gran paisaje que todos conocemos y que nos fascina. El paisaje de lo conocido lo convirtió Max Richter en el paisaje de lo que está por conocerse: al escucharlo, uno experimenta algo superior al déja vu:uno ha escuchado esta música toda su vida, desde el momento en que nació sonaba, pero puede parafrasear a Charly Parker y decir: ¡Momento, esta música ya la escuché pasado mañana!
Crea así Max Richter con Las Cuatro Estaciones un puente natural de encantamiento hacia el territorio de la magia fosforescente, hacia el confín de las joyas radiantes que están al alcance de nuestras manos en una dimensión donde el tiempo y el espacio ya no existen.
No en balde está en cartelera en estos días en Londres la más reciente obra de Max Richter: la ópera SUM,basada en el libro, fascinante, del neurocientífico David Eagleman:Cuarenta historias de la otra vida. La vida después de la vida. Libro apasionante, interesante pero sobre todo divertido con un tema serio, tratado en serio por un científico que escribe y lo hacede manera magistral.
El track 7, correspondiente al movimiento Presto, de El Verano de Las Cuatro Estaciones, es el favorito de el Disquero: es puritito heavy metal para orquesta, según definió el propio Richter, quien rescribió este pasajepensando en la manera como John Bonham aporreaba la batería. Prodigios del barroco: Vivaldi redivivo en Led Zeppelin.
Para completar su nuevo y feliz descubrimiento, el Disquero compró todos los otros discos asequibles (en iTunes) de Max Richter (el de Las Cuatro Estaciones sí se consigue en formato cedé en México) con resultados igualmente fascinantes.
Max Richter es inglés, pero nació alemán. Fue alumno de Luciano Berio en Florencia y su vida musical profesional la inició, al día siguiente de graduarse, con su fabuloso grupo de cámara Piano Circus, cuyo título lo dice todo y con el cual difundió la hasta entonces desconocida obra de un compositor que respondía al nombre de Arvo Pärt (hoy reconocido como el más grande compositor vivo) y en su repertorio también lucían partituras del mismísimo Brian Eno, así como de Steve Reich y Philip Glass, entre otros gladiadores.
Al Disquero le place en especial el disco 24 Postcards in Full Colour:igual número de miniaturas con una diversidad alucinante y que el sentido del humor de su autor lanza comotonos para celular, jeje.
El estilo, la música de Max Richter es un crisol magnifiscente: posminimalista, orquestador magistral, experto en música electrónica, fascinado por el paisaje orquestal por igual que por el rock de los 60 y 70. Por momentos nos conecta con Michael Nyman y Alexander Balanescu, otros con Steve Reich, otros más con Terry Riley, pero también con Led Zeppelin y los grupos de rock progresivo que utilizaron el clavecín en algunos de sus discos, y otros no necesariamente progresivos, como los Beach Boys, o Los Beatles en Abbey Road.
Todo ese crisol esplende, refulge y nos pone en órbita en su más reciente obra maestra: Recomposed by Max Richter. Vivaldi The Four Seasons(Deutsche Grammophon).
He aquí una nueva obra maestra.
Subir al inicio del texto

http://www.jornada.unam.mx/2013/01/12/cultura/a16n1dis#texto


11/1/13

Explícame, amor


Comencemos este viernes de enero con algo de la excepcional y desgarrada poesía de Ingeborg Bachmann (Klagenfurt, Austria, 1926 - Roma, Italia, 1973)

Explícame, amor

Tu sombrero se levanta despacio, saluda, y vuela al viento,
tu cabeza desnuda enamora a las nubes,
tu corazón tiene que hacer en otra parte,
tu boca asimila lenguas nuevas,
la hierba tembladera menudea por aquí,
el verano apaga y enciende los ásteres con un soplo,
ciego por los copos levantas el rostro,
ríes y lloras y te hundes en ti,
qué más ha de ocurrirte -

¡Explícame, amor!

El pavo con solemne asombro hace la rueda,
la paloma levanta su collar de plumas,
el aire se dilata repleto de arrullos,
grita el ánade, el país entero
se sirve de la miel silvestre, también en el sereno parque
los arriates están enmarcados con un polvo dorado.

El pez se ruboriza, adelanta a la bandada
y se precipita entre grutas al lecho de coral.
Al son de la música de la arena plateada baila tímido el escorpión.
El escarabajo huele de lejos a la más espléndida;
¡si yo tuviera sus sentidos, notaría también
que brillan alas bajo el caparazón de ella,
y tomaría el camino del fresal lejano!

¡Explícame, amor!

El agua sabe hablar,
la ola toma a la ola de la mano,
en la viña el racimo se hincha, salta y cae.
¡Cuán confiado sale el caracol de su casa!

¡Una piedra sabe conmover a otra!

Explícame amor, lo que no sé explicar:
¿trataré durante este tiempo corto y hostil
únicamente con pensamientos y sólo yo
no conoceré ni haré nada afectuoso?
¿Tiene uno que pensar? ¿No le echarán de menos?

Dices: otro espíritu cuenta con él...
No me expliques nada. Veo a la salamandra
pasar por todos los fuegos.
Ningún horror la persigue y nada le causa dolor.



De "Invocación a la Osa Mayor" Ediciones Hiperión 2001
Versión de Cacilia Dreymüller y Concha García


Para leer más de la obra de Bachmann, les recomiendo que vayan a los sitios
http://www.amediavoz.com/bachmann.htm
http://web.uchile.cl/publicaciones/cyber/18/crea16.html

10/1/13

´Libros prohibidos' con Sandra Lorenzano. 'Viajando con el señor Tijeras'. 09/01/13

Por si se quedaron con ganas de escuchar mi nueva colaboración. 
Ahora también en El Weso. ¡Estoy feliz! ¿Me cuentan qué les parece?
Los espero todos los miércoles a las 19:00 hrs. en W Radio!


Volver a Altazor


Un día como hoy, 10 de enero, pero de 1893, nacía Vicente Huidobro. El mejor homenaje que podemos hacerle a este poeta que hubiera odiado la palabra "homenaje" es volver a su obra, en especial a su gran poema "Altazor".

Un día como hoy, 10 de enero, pero de 1893, nacía Vicente Huidobro. El mejor homenaje que podemos hacerle a este poeta que hubiera odiado la palabra "homenaje" es volver a su obra, en especial a su gran poema "Altazor".

Comparto aquí con ustedes el 

PREFACIO

     Nací a los treinta y tres años, el día de la muerte de Cristo; nací en el Equinoccio, bajo las hortensias y los aeroplanos del calor.
     Tenía yo un profundo mirar de pichón, de túnel y de automóvil sentimental. Lanzaba suspiros de acróbata.
     Mi padre era ciego y sus manos eran más admirables que la noche.
     Amo la noche, sombrero de todos los días.
     La noche, la noche del día, del día al día siguiente.
     Mi madre hablaba como la aurora y como los dirigibles que van a caer. Tenía cabellos color de bandera y ojos llenos de navíos lejanos.
     Una tarde, cogí mi paracaídas y dije: «Entre una estrella y dos golondrinas.» He aquí la muerte que se acerca como la tierra al globo que cae.
     Mi madre bordaba lágrimas desiertas en los primeros arcoiris.
     Y ahora mi paracaídas cae de sueño en sueño por los espacios de la muerte.
     El primer día encontré un pájaro desconocido que me dijo: «Si yo fuese dromedario no tendría sed. ¿Qué hora es?» Bebió las gotas de rocío de mis cabellos, me lanzó tres miradas y media y se alejó diciendo: «Adiós» con su pañuelo soberbio.
     Hacia las dos aquel día, encontré un precioso aeroplano, lleno de escamas y caracoles. Buscaba un rincón del cielo donde guarecerse de la lluvia.
     Allá lejos, todos los barcos anclados, en la tinta de la aurora. De pronto, comenzaron a desprenderse, uno a uno, arrastrando como pabellón jirones de aurora incontestable.
     Junto con marcharse los últimos, la aurora desapareció tras algunas olas desmesuradamente infladas.
     Entonces oí hablar al Creador, sin nombre, que es un simple hueco en el vacío, hermoso, como un ombligo.
     «Hice un gran ruido y este ruido formó el océano y las olas del océano.
     »Este ruido irá siempre pegado a las olas del mar y las olas del mar irán siempre pegadas a él, como los sellos en las tarjetas postales.
     »Después tejí un largo bramante de rayos luminosos para coser los días uno a uno; los días que tienen un oriente legítimo y reconstituido, pero indiscutible.
     »Después tracé la geografía de la tierra y las líneas de la mano.
     »Después bebí un poco de cognac (a causa de la hidrografía).
     »Después creé la boca y los labios de la boca, para aprisionar las sonrisas equívocas y los dientes de la boca, para vigilar las groserías que nos vienen a la boca.
     »Creé la lengua de la boca que los hombres desviaron de su rol, haciéndola aprender a hablar... a ella, ella, la bella nadadora, desviada para siempre de su rol acuático y puramente acariciador.»
     Mi paracaídas empezó a caer vertiginosamente. Tal es la fuerza de atracción de la muerte y del sepulcro abierto.
     Podéis creerlo, la tumba tiene más poder que los ojos de la amada. La tumba abierta con todos sus imanes. Y esto te lo digo a ti, a ti que cuando sonríes haces pensar en el comienzo del mundo.
     Mi paracaídas se enredó en una estrella apagada que seguía su órbita concienzudamente, como si ignorara la inutilidad de sus esfuerzos.
     Y aprovechando este reposo bien ganado, comencé a llenar con profundos pensamientos las casillas de mi tablero:
     «Los verdaderos poemas son incendios. La poesía se propaga por todas partes, iluminando sus consumaciones con estremecimientos de placer o de agonía.
     »Se debe escribir en una lengua que no sea materna.
     »Los cuatro puntos cardinales son tres: el sur y el norte.
     »Un poema es una cosa que será.
     »Un poema es una cosa que nunca es, pero que debiera ser.
     »Un poema es una cosa que nunca ha sido, que nunca podrá ser.
     »Huye del sublime externo, si no quieres morir aplastado por el viento.
     »Si yo no hiciera al menos una locura por año, me volvería loco.»
     Tomo mi paracaídas, y del borde de mi estrella en marcha me lanzo a la atmósfera del último suspiro.
     Ruedo interminablemente sobre las rocas de los sueños, ruedo entre las nubes de la muerte.
     Encuentro a la Virgen sentada en una rosa, y me dice:
     »Mira mis manos: son transparentes como las bombillas eléctricas. ¿Ves los filamentos de donde corre la sangre de mi luz intacta?
     »Mira mi aureola. Tiene algunas saltaduras, lo que prueba mi ancianidad.
     »Soy la Virgen, la Virgen sin mancha de tinta humana, la única que no lo sea a medias, y soy la capitana de las otras once mil que estaban en verdad demasiado restauradas.
     »Hablo una lengua que llena los corazones según la ley de las nubes comunicantes.
     »Digo siempre adiós, y me quedo.
     »Ámame, hijo mío, pues adoro tu poesía y te enseñaré proezas aéreas.
     »Tengo tanta necesidad de ternura, besa mis cabellos, los he lavado esta mañana en las nubes del alba y ahora quiero dormirme sobre el colchón de la neblina intermitente.
     »Mis miradas son un alambre en el horizonte para el descanso de las golondrinas.
     »Ámame.»
     Me puse de rodillas en el espacio circular y la Virgen se elevó y vino a sentarse en mi paracaídas.
     Me dormí y recité entonces mis más hermosos poemas.
     Las llamas de mi poesía secaron los cabellos de la Virgen, que me dijo gracias y se alejó, sentada sobre su rosa blanda.
     Y heme aquí, solo, como el pequeño huérfano de los naufragios anónimos.
     Ah, qué hermoso..., qué hermoso.
     Veo las montañas, los ríos, las selvas, el mar, los barcos, las flores y los caracoles.
     Veo la noche y el día y el eje en que se juntan.
     Ah, ah, soy Altazor, el gran poeta, sin caballo que coma alpiste, ni caliente su garganta con claro de luna, sino con mi pequeño paracaídas como un quitasol sobre los planetas.
     De cada gota del sudor de mi frente hice nacer astros, que os dejo la tarea de bautizar como a botellas de vino.
     Lo veo todo, tengo mi cerebro forjado en lenguas de profeta.
     La montaña es el suspiro de Dios, ascendiendo en termómetro hinchado hasta tocar los pies de la amada.
     Aquél que todo lo ha visto, que conoce todos los secretos sin ser Walt Whitman, pues jamás he tenido una barba blanca como las bellas enfermeras y los arroyos helados.
     Aquél que oye durante la noche los martillos de los monederos falsos, que son solamente astrónomos activos.
     Aquél que bebe el vaso caliente de la sabiduría después del diluvio obedeciendo a las palomas y que conoce la ruta de la fatiga, la estela hirviente que dejan los barcos.
     Aquél que conoce los almacenes de recuerdos y de bellas estaciones olvidadas.
     Él, el pastor de aeroplanos, el conductor de las noches extraviadas y de los ponientes amaestrados hacia los polos únicos.
     Su queja es semejante a una red parpadeante de aerolitos sin testigo.
     El día se levanta en su corazón y él baja los párpados para hacer la noche del reposo agrícola.
     Lava sus manos en la mirada de Dios, y peina su cabellera como la luz y la cosecha de esas flacas espigas de la lluvia satisfecha.
     Los gritos se alejan como un rebaño sobre las lomas cuando las estrellas duermen después de una noche de trabajo continuo.
     El hermoso cazador frente al bebedero celeste para los pájaros sin corazón.
     Sé triste tal cual las gacelas ante el infinito y los meteoros, tal cual los desiertos sin mirajes.
     Hasta la llegada de una boca hinchada de besos para la vendimia del destierro.
     Sé triste, pues ella te espera en un rincón de este año que pasa.
     Está quizá al extremo de tu canción próxima y será bella como la cascada en libertad y rica como la línea ecuatorial.
     Sé triste, más triste que la rosa, la bella jaula de nuestras miradas y de las abejas sin experiencia.
     La vida es un viaje en paracaídas y no lo que tú quieres creer.
     Vamos cayendo, cayendo de nuestro cenit a nuestro nadir y dejamos el aire manchado de sangre para que se envenenen los que vengan mañana a respirarlo.
     Adentro de ti mismo, fuera de ti mismo, caerás del cenit al nadir porque ése es tu destino, tu miserable destino. Y mientras de más alto caigas, más alto será el rebote, más larga tu duración en la memoria de la piedra.
     Hemos saltado del vientre de nuestra madre o del borde de una estrella y vamos cayendo.
     Ah mi paracaídas, la única rosa perfumada de la atmósfera, la rosa de la muerte, despeñada entre los astros de la muerte.
     ¿Habéis oído? Ese es el ruido siniestro de los pechos cerrados.
     Abre la puerta de tu alma y sal a respirar al lado afuera. Puedes abrir con un suspiro la puerta que haya cerrado el huracán.
     Hombre, he ahí tu paracaídas maravilloso como el vértigo.
     Poeta, he ahí tu paracaídas, maravilloso como el imán del abismo.
     Mago, he ahí tu paracaídas que una palabra tuya puede convertir en un parasubidas maravilloso como el relámpago que quisiera cegar al creador.
     ¿Qué esperas?
     Mas he ahí el secreto del Tenebroso que olvidó sonreír.
     Y el paracaídas aguarda amarrado a la puerta como el caballo de la fuga interminable.




7/1/13

En busca del cuento perdido. 135. John Banville


Antigua Luz, John Banville, Alfaguara, 2012.

Alexander Clave es un viejo actor de teatro que recuerda su fugaz e intenso primer amor. Un rodaje cinematográfico le llevará a intimar con una joven y popular actriz cuya vida se ha asomado al abismo y al inesperado hallazgo de respuestas acerca del destino final de las mujeres que marcaron a fuego su vida.

Lee las primeras páginas del libro:
http://www.alfaguara.com/uploads/ficheros/libro/primeras-paginas/201209/primeras-paginas-antigua-luz.pdf
Más sobre el libro:
http://www.alfaguara.com/es/libro/antigua-luz/


Lee más sobre el programa 135 de En Busca del Cuento Perdido dedicado a John Banville. Vistia el blog y suscríbete al podcast!

Dos joyas filmadas por mujeres

 En los días en que estuve a media máquina vi dos joyas filmadas por mujeres:  - "Atlantics", película franco senegalesa de Mati D...