El jueves, en el festejo de aniversario de "En busca del cuento perdido", una mujer se acercó a decirme: "Sandra, por favor di en tu programa que somos muchos los maestros que amamos nuestros trabajo y a nuestros niños".
No necesitan recordármelo, desde siempre amo y admiro a los maestros. Mi abuela era maestra y yo desde chiquita dije que quería serlo también. Hace más de 30 años que paso mis días dentro de un salón de clases. Sé de memoria los nombres de todos mis maestros, desde jardín de infantes a doctorado. Les tengo especial agradecimiento a aquellos que me han marcado; a aquellos por los cuales he decidido mi vocación y mis complicidades. Mis afinidades electivas.
El monstruo era el SNTE y su "lideresa". Ahora es la CNTE. Hay cosas positivas y cosas deplorables en la reforma educativa. Analicemos, discutamos, propongamos. No nos sumemos a la polarización que nos proponen.
¿No será que en el "modelo de país" la educación no tiene lugar? ¿No estaremos buscando hacer de la gran mayoría de nuestros jóvenes sólo mano de obra dizque calificada para la maquila?
No tengo respuestas a ninguna de estas cuestiones. Sólo más y más preguntas. Y una feroz angustia ante un país que se descompone a pasos acelerados.
Perdón por escribir a vuelapluma. Solamente quiero compartir con ustedes mis temores y mis tristezas.
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