Tabucchi y la saudade


Para comprender qué es la saudade, nada mejor que experimentarla directamente. El mejor momento es obviamente el atardecer, que es la hora canónica de la saudade, pero se prestan perfectamente a ello también ciertas tardes de niebla atlántica, cuando sobre la ciudad desciende un velo y se encienden las farolas. Allí, a solas, contemplando este panorama que se abre ante nosotros, tal vez nos asalte una suerte de conmoción. Nuestra imaginación, haciéndole un quiebro al tiempo, nos hará pensar que una vez que volvamos a casa y a nuestras costumbres, nos invadirá la nostalgia de un momento privilegiado de nuestra vida en la que estábamos en una hermosa y solitaria callejuela de Lisboa contemplando un panorama conmovedor. Pues bien, la suerte está echada: estamos sintiendo nostalgia del momento que estamos viviendo en ese momento. Es una nostalgia al futuro. Hemos experimentado en carne propia la saudade.

Antonio Tabucchi, en Viajes y otros viajes, Anagrama