Georges Perec, Nací (fragmento)

Sé, a grandes rasgos, cómo llegué a ser escritor. No sé precisamente por qué. ¿Acaso necesitaba realmente, para existir, alinear palabras y frases? ¿Me bastaba, para ser, ser el autor de algunos libros?

Para ser, esperaba que los otros me designaran, me identificaran, me reconocieran. Pero ¿por qué por la escritura? ¿Por qué precisamente la escritura?

¿Acaso tenía entonces yo algo tan particular para decir? Pero ¿qué es lo que dije? ¿Se trata de decir qué cosa? ¿Decir que uno es? ¿Decir que uno escribe? ¿Decir que uno es escritor? ¿Necesidad de comunicar qué? ¿Necesidad de comunicar que se tiene la necesidad de comunicar? ¿Qué es lo que uno está comunicando? La escritura dice que está ahí, y nada más, y hete aquí que estamos en ese palacio de espejo en el que las palabras se remiten unas a otras, reflejándose al infinito sin nunca encontrar otra cosa que su sombra.

La escritura me protege. Avanzo debajo de la muralla de mis palabras, de mis frases, de mis párrafos hábilmente encadenados, de mis capítulos astutamente programados.

¿Tengo aún necesidad de estar protegido? ¿Y si el escudo se vuelve obligación?

Estaría bien que un día comience a servirme de las palabras para desenmascarar lo real, para desenmascarar mi realidad.