Texto escrito para la contraportada de la nueva edición de
Con la literatura en el cuerpo de Alberto Ruy Sánchez


Hace algunos años, en una universidad de París, un hombre que impartía un curso sumamente formal sobre la literatura romántica alemana, se vio sorpresivamente sacudido por un amor implacable, radical, absoluto. Estaba de pronto viviendo a muy alta temperatura uno de esos trastornos románticos que muy fríamente analizaba en clase.

A partir de esta anécdota, que habla del cambio en la mirada teórica y crítica que experimentó Roland Barthes al enamorarse, Alberto Ruy Sánchez hace una maravillosa defensa de la presencia de la propia vida, de la fuerza de las propias pasiones, en la mirada del crítico literario. El libro es un homenaje a ese maestro cuyo gesto antiescolástico le reveló un mundo nuevo de posibilidades al entonces muy joven amante de la literatura. Un homenaje a quien le descubrió la libertad para encontrar su camino literario a partir de la propia piel. “…todo lo que uno sabe, aprende, olvida o crea, pasa por nuestro cuerpo. No somos ideas sino cuerpos con ideas”, escribe Alberto. Al reconocer esto, permitimos que la literatura pueda afectarnos, movilizarnos, acariciarnos; es decir, aprendemos a vivir con la literatura en el cuerpo.
Páginas escritas desde la melancolía – que es también deseo, sensualidad – sobre dieciséis melancólicos personajes. En un cruce de ensayo y narración poética, el libro deambula por dieciséis ámbitos, por dieciséis cuerpos que descubren las marcas que guardan a la vez en la piel y en la escritura, a través de la errancia sensual de las palabras.
Trece años después de su primera publicación, esta obra de Alberto Ruy Sánchez ha ganado – como los buenos vinos – en sabor, densidad y cuerpo.
Sandra Lorenzano, abril de 2008.