Tiempo de vida



“Contamos con el arte para que la verdad no nos destruya”. Esta frase de Nietzsche fue elegida por Marcos Giralt Torrente como epígrafe para su libro Tiempo de vida. ¿Y cuál es esa verdad que puede destruir en la obra más reciente del autor madrileño? La de la relación que tuvo con su padre, el pintor Juan Giralt. Una relación difícil, compleja, cargada de malentendidos, y a la vez, por supuesto, de amor incondicional; relación de la cual el hijo va dando cuenta a través de un tono confesional en páginas que inician con la muerte. La tristeza se mezcla con el desasosiego que provoca la orfandad en esta propuesta de escritura que trata de entender los lazos que se tejieron entre padre e hijo, tal como lo hicieron otros escritores en las diversas obras a las que Giralt se acercó buscando respuestas a sus propias preguntas: La invención de la soledad de Paul Auster, Patrimonio de Philip Roth, Mi oído en su corazón de Hanif Kureishi, entre otras. Pero fue necesario que él mismo se sumergiera en su interior, en sus propios recuerdos, en las imágenes que fue construyendo con los años, en el dolor por el tiempo de convivencia perdido, para poder resolver siquiera en una pequeña medida una vida de desencuentros.
Tiempo de vida es una novela del duelo, pero no por ello hace concesiones. Marcos Giralt es implacable con todos los personajes que se mueven en el drama familiar empezando por sí mismo, intuyendo que quizás nada hubiera cambiado en las relaciones tejidas entre todos aun habiendo sabido el desenlace. Y sin embargo, nos queda la memoria…
Por lo que compartimos de pérdida, por la parte del dolor que está siempre dentro nuestro, por los rostros queridos que no veremos más, copia estas líneas y le agradezco a Marcos Giralt Torrent la posibilidad de haber llorado todas las ausencias este fin de semana:
Se necesitan muchos días sin oír el teléfono la voz de una persona para acostumbrarnos a su ausencia; se necesitan muchos días reprimiendo el impulso de llamarla para acostumbrarnos a que ya no contestará, se necesitan muchos días guardándonos comentarios que sólo a ella haríamos para acostumbrarnos a que en adelante será así, se necesitan muchos días preguntándonos que diría de algo sobre lo que, sabemos, tendría una opinión más certera que la nuestra para acostumbrarnos a que a partir de ahora deberá bastarnos con nuestro criterios, se necesitan muchos días mirando sus fotos para acostumbrarnos a que son las fotos de un muerto, se necesitan muchos días contemplando lo que nos legó para acostumbrarnos a que ya no es suyo sino nuestro, se necesitan muchos días haciendo recuento de vivencias comunes para acostumbrarnos a que jamás se repetirán, a que sólo nos queda la memoria. (p.198)

Datos biográficos de Marcos Giralt Torrente
http://www.anagrama-ed.es/autor/434