"En su desnuda pobreza" Esther Seligson


Le plus petit caillou
est baigné d’infini
Edmond Jabès


Sin ti es incomprensible,
demasiado vasto, Madre,
el ímpetu, la fisura,
la inocencia,
la fidelidad ¿cómo?
la duda incluso

Madero para la flor
cobijo en la piedra
sé mi lecho a la hora del crepúsculo
espuma para cubrir mis ojos
no me ahogue el temor al hundimiento
o venga a moverme
la visión de un recuerdo
el grito jubiloso de un niño
a orillas del mar

A orillas del mar
Madre
ahí recoge la ofrenda de mis huesos
ceniza púber
el mar que tanto amamos
niñas de largo cuerpo y voz delgada
- cuánto anhelo de crecer –
entonces, en verdad,
éramos libres de arrullar los sueños
locuaces
modelábamos castillos
entre la arena escurridiza
- ¿quién no vivió su infancia imaginando?-
buganvilias en el cabello
para las noches de luna
en la boca el sabor de la naranja dulce

“Habrá lluvia de estrellas”
anunciaron
pero el día amaneció nublado
a orillas del mar, Madre,
durante horas
celé a una gaviota
qué envidia de sus alas
giros suaves
el horizonte a su arbitrio
dueña del aire y a merced de su oleaje
Después nos reencontramos bajo diversos cielos
idéntica la nostalgia de su vuelo
mi cuerpo atado a tierra firme

Sin ti, Madre,
el mar nos sobrepasa
el amor, el llanto mismo
no reposa una ola tras
otra
tupido a ras del agua las crestas se abisman
y el mundo se inclina
ante las mareas
Vivir es un dolor constante
sosegado
cuántas veces mudo
imperceptible su vaivén
a fuerza de goteo

La más pequeña piedra está bañada de infinito
afirmó el poeta
piedras de río avienta el mar
y yo las conservo
de cualquier parte:
en su desnuda pobreza
aspiro al cumplimiento
bastará una sola donde
se encuentre mi tumba
una para recordar a mi madre
una le bastó a mi padre

“¿Cómo se arma un libro?”
Igual que un barco,
le respondí a mi nieta,
requiere de muchas travesías
de algún naufragio
toca puertos seguros
una tempestad de tanto en tanto
marineros solidarios
paciencia inquebrantable
no separar la realidad del espejismo
el monstruo marino de las aves
las islas del continente
saber que nada es similar
creaturas diversas y hermanas
mucha plegaria por equipaje
y al timón la providencia

Tu mano, Madre,
protección y dádiva
sobre los hombros vencidos
la espina rota
el corazón vacío
¿qué otra brújula si no?
¿qué otro sextante?
Un libro es menos
que la hoja de un árbol
mayor que el humano aliento
madura como un sol de mediodía
como una luna en plenitud
se desmigaja fácilmente
mas nunca dejará
de atesorarlo como hormiguita

Sin ti es incomprensible
el misterio, Madre,
la existencia
cada elección un agobio
cada gesto impropio y el amor nos destruye

Madre,
ayúdame a aceptar
cúbreme con el signo de la fe
y extiende tu sombra fresca
sobre el ardor de mi impaciencia

A orillas del mar
perdonaré mis faltas
los fuegos no encendidos
la llama que apagué
a sabiendas compasiva
inmolaré los ídolos
que bifurcaron mis caminos
sencilla
con la vestidura de una flor
rendiré cuentas
mi voz
como lamento del grillo
alabará, Madre,
la misericordia de Tus obras
entonces
recogerás la ofrenda de mis huesos…