Mi Rayuela

Comparto con ustedes el texto que escribí para el catálogo de la exposición "De la tierra al cielo. 50 años de Rayuela". Ojalá les guste.





Mi Rayuela

Para  Mariana por compartir mi amor por Cortázar

Para Patricia Vaca Narvaja 
por haber construido un puente entre acá y allá

Para Yiyí y su París

Es cierto: quise ser la Maga. También quise ser Talita y Oliveira. Quise ser Traveler. Y el bebé Rocamadour (te quiero tanto, Rocamadour, bebé Rocamadour, dientecito de ajo, te quiero tanto, nariz de azúcar, arbolito, caballito de juguete...). Quise ser Julio Cortázar y enamorarme en París de las palabras, y de las mujeres, y de las calles, y del jazz. 

Quise atravesar en un tablón entre el lado de acá y el lado de allá, porque no hay nada más importante que un paquete de yerba con sabor a patria y a distancia.

Quise tocar tu boca, con un dedo tocar tu boca. Quise amalar tu noema y caer contigo en hidromurias. Quise aprender a amarte en glíglico. Y en castellano. Y en el lunfardo entrañable de un país que está de olvido siempre gris.

Quise ser miembro del Club de la Serpiente y pasar las noches entre el sax arrullador de Charlie Parker y el teclado mágico “de un tal Oscar Peterson, un tal pianista con algo de tigre y felpa, un tal pianista triste y gordo, un tipo al piano y la lluvia sobre la claraboya, en fin, literatura”.

Quise dejar que el azar me llevara de la Rue Varennes a Rosario, del Pont des Arts a Chivilcoy. Pero el amor, esa palabra...

Quise llegar al cielo que dibujamos en la vereda. Quise regalarte mi pedazo de tiza y sus secretos. 

Quise dejar una piedra en la tumba de Montparnasse y llorar ahí toda la vida.