Fragmentos de una carta a Laura Bonaparte


El cuerpo duele cuando llegan ciertas fechas, Laura.
El cuerpo recuerda y duele.
“Me duele la panza cuando se acerca el cumpleaños de Noni”, decías.
Te dolía la panza cuando se acercaba cada cumpleaños, Laura.
Y el corazón. Los ojos. Los oídos. Las manos.
Te dolía el alma.
Nos duele el alma, Laura.
Cada día, 30 mil veces nos duele el alma.
Cada día, 30 mil veces.
Por los ausentes, Laura,
presentes, ahora y siempre.

“México tiene sol y colores en las calles”, decías. 
Tiene sol y colores, Laura, y las huellas de todas tus ausencias.
Tiene tu imagen y las fotos que te cubrían por entero.
Y las cadenas frente a la Embajada.
Y la música.
Y el mate con los compañeros. Y los brazos solidarios.
Y las risas, claro.
Por Santiago, por Víctor, por Irene.
Por Noni y por los chicos.
Y por los nietos que te abrazan.

Y por este país ya es el nuestro.
Porque aquí también hay madres a las que les duele el cuerpo.
El cuerpo que recuerda y les duele.
El cuerpo que tiene memoria y nos duele.
También por estos 100 mil. 
Ya sin soles ni colores este México nuestro.

Duele el pañuelo blanco. El pañal de los hijos en la cabeza.
Duele cada jueves en la plaza.
¿Cómo se es madre de un ausente?, preguntabas.
¿Cómo se es madre de miles de ausentes, Laura?
¿Cómo se es hija, nieta, tía de ausentes?

La memoria, el dolor, pero sobre todo: la justicia.
También los ojos, las manos y el corazón exigen justicia.
También el alma. 
Allá y acá. Acá y allá.
De ambos lados de nuestra historia.
De ambos lados de nuestro recuerdo.
Con las mujeres analfabetas.
Con los travestis y con los HIJOS.
En los escraches y en la cárcel.
En las calles y en los libros.

El cuerpo duele cuando llegan ciertas fechas, Laura.
El cuerpo duele hoy que ya es julio y verano,
y tu nombre es más que nunca cercano y querido.

Compañera Laura Bonaparte
Presente, hoy y siempre. 


En México D.F. , 1 de julio de 2013