1. Y el fragmento es eso simplemente: el talento de la piedra, en el calor del verano, para encontrar el ritmo preciso sobre el agua. O podría decirse de otra manera. Más cercana a la piel quizás. Al deseo que encierran las chicharras. Al delirante grillo que te nombró toda la noche. En otro paisaje. Tentada estuve de escribir “En otra vida”. Como si las estaciones cambiaran con los años. Como si los trenes sucumbieran ante el vértigo, lejos del embrujo de las siestas de sábanas húmedas.

2. No es más que el rumor de alas que escuchábamos por la tarde. Uno: Dos: Y al tercer salto sólo queda ahogarse sin haber conocido el nombre que gritaba el ángel. Aunque también está la opción de los caminos de tierra y las flores amarillas. Como tu frente contra el espejo. Más claras tal vez. O más brillantes. De todos modos sería una imagen repetida. Similar a las postales que guardabas en el sobre. Pedazos sueltos.

3. Pero podría haber sido un día lluvioso. Un festín de humedad los huesos a la intemperie. Para dejar una marca más en la pared. Una hendidura, una huella. Sabes que lo mismo da. De todos modos el viento ignorará estas cenizas. El barro que guarde tus rodillas se secará como cada año. Las gaviotas escarbarán sin pudor en los desechos. Como siempre. Hay cosas que no cambian. Aunque sería mejor buscar otra imagen. Otras palabras.

10 de enero de 2009