¿Te dije ya que amo hundirme en tus caderas?

Como si el mar fuera de fiesta, tu piel me recibe entres sus vientos y es de sal la dulzura de tu aurora. Celebro una vez más este naufragio como quien celebra el mejor de los oficios.

Ritual marino iluminando la sangre; no hay más nombre que el que dicta tu aliento ni otra plegaria que el abrazo.