Los hermosos años del castigo, extraño y bello libro de Fleur Jaeggy, que con un lenguaje contenido, sobrio, austero y con un dejo de misterio, como si algo estuviera siempre a punto de suceder, cuenta la relación entre la protagonista y Frédérique durante la adolescencia. El escenario es el Bausler Institut, un internado en la zona de Appenzell, muy cerca del hospital donde vivió Robert Walser. Algo también inquietante, sobre todo para los lectores. Pocas páginas que más que decir, callan: la sensualidad, la soledad, la necesidad de afecto de estas jóvenes ricas que viven alejadas de sus padres y de su entorno familiar, imaginando un mundo que quizás nunca descubran realmente. Paisajes solitarios, sentimientos contenidos, sueños que algún día la realidad destruirá.
“Allí arriba me sentía en un estado que podría llamarse de malafelicidad. Exigía la soledad, era un estado de ebrio y tranquilo egoísmo, una venganza feliz. Me parecía que esa ebriedad era una iniciación, y el malestar de la felicidad se debía a un aprendizaje mágico, a un rito. Luego se estropea.”