¡Feliz cumpleaños, José Emilio Pacheco!


Alta traición

No amo mi patria.
Su fulgor abstracto
     es inasible.
Pero (aunque suene mal)
     daría la vida
por diez lugares suyos,
     cierta gente,
puertos, bosques de pinos,
     fortalezas,
una ciudad deshecha,
     gris, monstruosa,
varias figuras de su historia,
     montañas
-y tres o cuatro ríos.


Gota de lluvia

Una gota de lluvia temblaba en la enredadera.
Toda la noche estaba en esa humedad sombría
que de repente
iluminó la luna.
 

Éxodo

En lo alto del día
eres aquel que vuelve
a borrar de la arena la oquedad de su paso;
el miserable héroe que escapó del combate
y apoyado en su escudo mira arder la derrota;
el náufrago sin nombre que se aferra a otro cuerpo
para que el mar no arroje su cadáver a solas;
el perpetuo exiliado que en el desierto mira
crecer hondas ciudades que en el sol retroceden;
el que clavó sus armas en la piel de un dios muerto
el que escucha en el alba cantar un gallo y otro
porque las profecías se están cumpliendo: atónito
y sin embargo cierto de haber negado todo;
el que abre la mano
                                      y recibe la noche.



Lluvia de sol

La muchacha desnuda toma el sol
apenas cubierta
por la presencia de las frondas.
Abre su cuerpo al sol
que en lluvia de fuego
la llena de luz.
Entre sus ojos cerrados
la eternidad se vuelve instante de oro.
La luz nació para que el resplandor de este cuerpo
le diera vida.
Un día más
sobrevive la tierra gracias a ella
que sin saberlo
es el sol
entre el rumor de las frondas.



Los elementos de la noche

Bajo el mínimo imperio que el verno ha roído
se derrumban los días, la fe, las previsiones.
En el último valle la destrucción se sacia
en ciudades vencidas que la ceniza afrenta.
La lluvia extingue
el bosque iluminado por el relámpago.
La noche deja su veneno.
Las palabras se rompen contra el aire.
Nada se restituye, nada otorga
el verdor a los campos calcinados.
Ni el agua en su destierro
sucederá a la fuente
ni los huesos del águila
volverán por sus alas.

Por el placer de leer a Adrienne Rich



Reparto de tareas

Las revoluciones dan vueltas, pactan, hacen declaraciones:
una revista nueva aparece, viejos nombres en su cabecera,
una revista antigua abrillanta su obra
con deconstrucciones de la prosa de Malcolm X
Las mujeres en las filas traseras de la política
todavía lamen hilo para pasarlo por el ojo
de la aguja, truecan huesos por plástico, rajan vainas
para venderlas como collares en los cruceros
hacen inmaculados vestidos de Primera Comunión
con planchas y vacilante agua caliente
todavía ajustan los microscópicos hilos dorados
en los chips de silicio
todavía dan clase, vigilan a los niños
desaparecidos en las callejuelas de fuego cruzado, los barrancos de
             repentinas inundaciones
los repentinos incendios de queroseno
-mujeres cuyo trabajo reconstruye el mundo
todas y cada una de la mañanas
                                                       He visto a una mujer sentada
entre la estufa y las estrellas
sus dedos chamuscados de apagar las velas
de la pura teoría             Índice y pulgar: los dos quemados:
he sentido esa cera sagrada levantarme ampollas en la mano

1988
Versión de María Soledad Sánchez Gómez


La luna...
                                    (volviendo a casa en coche de una lectura de Robin Blaser)
La luna
no es romántica.              No.              Es
un hecho de la vida y aún
no estamos acostumbrados. Pensarías, refleja
las olas no las atrae.           Así
yo te regiría igual que
he sido regida por ti.              En la carretera de la Costa
entre rachas de niebla
                               ese rostro (sí, tiene
                               expresión) que aparece y desaparece
                               nos habla
                               como hizo él en su galantería
                               y operístico misterio.

Versión de María Soledad Sánchez Gómez


Planetarium 
                                 Inspirado en Caroline Herschel (1750-1848),
                               astrónoma, hermana de William, y en otras...

Una mujer con forma de monstruo
un monstruo con forma de mujer
abundan en los cielos
una mujer            «en la nieve
entre los Relojes e instrumentos
o midiendo el suelo con pértigas»
capaz de descubrir a sus 98 años
8 cometas
aquella sobre quien la luna gobernó
como en nosotras
levita hacia el nocturno cielo
surca distancias en los lentes pulidos
Galaxias de mujeres, cumpliendo ahí
penitencia por impulsivas
congelados nervios
en aquellos espacios           de la mente
Un ojo
              «viril, exacto y absolutamente seguro»
              desde las confusas telarañas de Uranusbor
           
                         encuentra la NOVA
cada impulso de luz estalla
desde el centro
como se descarga nuestra vida
                        Tycho susurra al fin
                        «Que no parezca que he vivido en vano»
Lo que vemos, lo vemos
y ver es cambiar
la luz que marchita una montaña
y le permite a un hombre vivir
Los latidos del pulsar
el corazón exudando por mi cuerpo
El impulso de radio
que fluye desde Taurus
                          Estoy bombardeada             aun así me yergo
Me he mantenido de pie toda la vida en medio
del curso directo de una batería de señales
el más fielmente transmitido el más
intraducible lenguaje en el universo
Soy una nube galáctea tan profunda              tan intrincada
que una onda de luz demoraría 15
años viajando por mí               Y ha ocurrido
Soy un instrumento con forma
de mujer intentando traducir pulsaciones
a imágenes                para aliviar el cuerpo
y reconstruir la mente.

1968
Versión de Myriam Díaz-Diocaretz


Adrienne Rich (16 de mayo de 1929, Baltimore, Maryland - 27 de marzo de 2012, Santa Mónica, California)




Poemas de Malcolm Lowry

Este es un mínimo homenaje al gran escritor cuya muerte recordamos ayer. Lowry murió el 26 de junio de 1957. Sin duda, vale la pena volver a sus poemas
.






















FELICIDAD


Montañas azules con nieve y fría agua azul turbulenta,
Un cielo borrascoso lleno de estrellas encendiéndose
Y Venus y la luna gibosa al amanecer,
Gaviotas siguiendo una motora cara al viento,
Árboles con ramas prendidas al aire-
Sentado al sol del mediodía con la furiosa
Sombra humeante de la chimenea de la cabañaÁguilas
que planean viento abajo,
Golondrinas marinas vuelan a golpes de viento,
Una nueva marca de tabaco a las once,
Y mi amor que vuelve en el autobús de las cuatro
-Dios mío, ¿por qué nos has dado todo esto?


EL BARCO ESTÁ VOLVIENDO A CASA


El barco está volviendo a casa ahora.
El patrón intenta leer pero sueña en el hogar.
El viejo paleador duerme, el motor petardea.
Las luces están dispuestas para iluminarnos desde el pasado.
Hasta un próximo futuro tan poco misterioso como este mástil
Con hierro y lo que el hierro ama del reino que llega.
¡Paciente hierro! Pero, más allá del palo mayor, silenciosa
Oscuridad, o el girar de parpadeantes formaciones de estrellas
A la deriva en un blanco océano de dudas.
Quizá este vagabundo ondula hacia el porvenir
Que ensombrece al océano menos que el odio
En las mentes de marino. ¿Esa estrella es amargura
Entre estrellas de amor? ¿Este carguero lleva a la eternidad?
¿Adónde vamos? Vida sálvanos a todos.


SIN COMPAÑÍA EXCEPTO EL MIEDO

Cómo empezó todo esto y por qué estoy aquí
en esta barra arqueada con la pintura marrón descascarillada,
papegaai, mescal, hennessy, cerveza,
dos viscosas escupideras, sin compañía excepto el miedo:
miedo de la luz, de la primavera, del lamento
de aves y autobuses volando a sitios lejanos,
y de los estudiantes yendo a las carreras,
de chicas brincando con el aire en sus rostros,
pero sin compañía excepto el miedo,
miedo de la fuente volando: y todas las flores
que conocen el sol son mis enemigos,
¿estas, muertas, horas?


SIN TIEMPO DE PARARSE A PENSAR


La única esperanza es el próximo trago.
Si te apetece puedes dar un paseo.
Sin tiempo de pararse a pensar,
La única esperanza es el próximo trago.
Inútil titubear en el límite,
Peor que inútil todo este hablar.
La única esperanza es el próximo trago.
Si te apetece, puedes dar un paseo.


Textos tomados de Malcolm Lowry, Poemas, libro traducido y editado por Visor.

Algo de Oliverio Girondo


Cansancio

Cansado.
¡Sí!
Cansado
de usar un solo bazo,
dos labios,
veinte dedos,
no sé cuántas palabras,
no sé cuántos recuerdos,
grisáceos,
fragmentarios.
Cansado,
muy cansado
de este frío esqueleto,
tan púdico,
tan casto,
que cuando se desnude
no sabré si es el mismo
que usé mientras vivía.
Cansado.
¡Sí!
Cansado
por carecer de antenas,
de un ojo en cada omóplato
y de una cola auténtica,
alegre,
desatada,
y no este rabo hipócrita,
degenerado,
enano.
Cansado,
sobre todo,
de estar siempre conmigo,
de hallarme cada día,
cuando termina el sueño,
allí, donde me encuentre,
con las mismas narices
y con las mismas piernas;
como si no deseara
esperar la rompiente con un cutis de playa,
ofrecer, al rocío, dos senos de magnolia,
acariciar la tierra con un vientre de oruga,
y vivir, unos meses, adentro de una piedra.


El puro no

El no
el no inóvulo
el no nonato
el noo
el no poslodocosmos de impuros ceros noes que noan noan noan
y nooan
y plurimono noan al morbo amorfo noo
no démono
no deo
sin son sin sexo ni órbita
el yerto inóseo noo en unisolo amódulo
sin poros ya sin nódulo
ni yo ni fosa ni hoyo
el macro no ni polvo
el no más nada todo
el puro no
sin no


Ella

Es una intensísima corriente
un relámpago ser de lecho
una dona mórbida ola
un reflujo zumbo de anestesia
una rompiente ente florescente
una voraz contráctil prensil corola entreabierta
y su rocío afrodisíaco
y su carnalesencia
natal
letal
alveolo beodo de violo
es la sed de ella ella y sus vertientes lentas entremuertes que
estrellan y disgregan
aunque Dios sea su vientre
pero también es la crisálida de una inalada larva de la nada
una libélula de médula
una oruga lúbrica desnuda sólo nutrida de frotes
un chupochupo súcubo molusco
que gota a gota agota boca a boca
la mucho mucho gozo
la muy total sofoco
la toda ¡shock! tras ¡shock!
la íntegra colapso
es un hermoso síncope con foso
un ¡cross! de amor pantera al plexo trópico
un ¡knock out! técnico dichoso
si no un compuesto terrestre de líbido edén infierno
el sedimento aglutinante de un precipitado de labios
el obsesivo residuo de una solución insoluble
un mecanismo radioanímico
un terno bípedo bullente
un ¡robot! hembra electroerótico con su emisora de delirio
y espasmos lírico-dramáticos
aunque tal vez sea un espejismo
un paradigma
un eromito
una apariencia de la ausencia
una entelequia inexistente
las trenzas náyades de Ofelia
o sólo un trozo ultraporoso de realidad indubitable
una despótica materia
el paraíso hecho carne
una perdiz a la crema.


Escrúpulo

Me parece que vivo
que estoy entre los ruidos
que miro las paredes,
que estas manos son mías,
pero quizás me engañe
y paredes y manos
sólo sean recuerdos
de una vida pasada.
He dicho "me parece"
yo no aseguro nada.

Ya no será

La historia de amor entre Idea Vilariño y Juan Carlos Onetti, y este desgarrador poema de ella que la cuenta...
 
Ya no será,
ya no viviremos juntos, no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa, no te tendré de noche
no te besaré al irme, nunca sabrás quien fui
por qué me amaron otros.

No llegaré a saber por qué ni cómo, nunca
ni si era de verdad lo que dijiste que era,
ni quién fuiste, ni qué fui para ti
ni cómo hubiera sido vivir juntos,
querernos, esperarnos, estar.

Ya no soy más que yo para siempre y tú
Ya no serás para mí más que tú.
Ya no estás en un día futuro
no sabré dónde vives, con quién
ni si te acuerdas.

No me abrazarás nunca como esa noche, nunca.
No volveré a tocarte. No te veré morir.

Llueve en silencio, Fernando Pessoa

Llueve en silencio, que esta lluvia es muda
y no hace ruido sino con sosiego.
El cielo duerme. Cuando el alma es viuda
de algo que ignora, el sentimiento es ciego.
Llueve. De mí (de este que soy) reniego...
             
Tan dulce es esta lluvia de escuchar
(no parece de nubes) que parece
que no es lluvia, mas sólo un susurrar
que a sí mismo se olvida cuando crece.
Llueve. Nada apetece...
             
No pasa el viento, cielo no hay que sienta.
Llueve lejana e indistintamente,
como una cosa cierta que nos mienta,
como un deseo grande que nos miente.
Llueve. Nada en mí siente...
             
Versión de Ángel Crespo

Nicole Brossard para una mañana de lluvia

cuando mantenemos con gran esfuerzo soluciones
por qué de pronto hay que
estirar una parte del ser hacia la ficción
alejarnos de las palabras como salimos
del tiempo de las cicatrices

(De Cuaderno de rosas y civilización, 2009)

CONTRALUZ
eso que vive
de las palabras
el fuero interno
todo eso va
a borrarse ante
tu respiración
la muerte, no


CONTEMPORÁNEA
ahí donde duele en la vida
por tactos sucesivos
no es la muerte
sino la movilidad de la luz
el don que tenemos de agravar la belleza

(De Instalaciones (con y sin pronombres) Editorial Aldus, Mexico, 1997)


Traducciones de Mónica Mansour

Las recomendaciones de la semana de "En busca del cuento perdido"





"La antigua metáfora de la amistad entre el lector y los los libros no es gratuita y uno elige sus compañías dilectas tantos por sus rasgos literarios como humanos. Pliegue s como un amigo finalmente perturbador que en medio de la charla amena, se plantera espontáneamente dilemas en torno a la identidad, la melancolía y la libertad." Armando González Torres


"Alternando las memorias del protagonista con los apuntes del escritor, Años lentos ofreceuna brillante reflexión sobre cómo la vida se destila en una novela, cómo se trasvasa el recuerdo sentimental en memoria colectiva, mientras su escritura diáfana deja ver un fondo turbio de culpa en la historia reciente del País Vasco."



"Porque su historia de amor ha llegado a ese punto terrible en el que lo desesperado y lo impasible ser unen y funcionan a la vez. Cuando eso pasa, no hay otra opción más que el olvido. Pero el olvido requiere tanto esfuerzo y tan dedicación, tanto tiempo y tanto esmero como la propia memoria."

Y por amor a la memoria...

Por ser Día del Padre, comparto con ustedes la emoción y el sacudimiento que me ha provocado este libro entrañable. Un libro que es parte ya de mi piel.

Y por amor a la memoria llevo sobre mi cara la cara de mi padre, Yehuda Amijai.

Éste es el epígrafe de El olvido que seremos de Héctor Abad Faciolince. Un homenaje a su padre, asesinado en Colombia, un canto desgarrado en contra de la violencia, un camino a través de la intimidad del recuerdo.

Yo quería a mi papá con un amor que nunca volví a sentir hasta que nacieron mis hijos. Cunado los tuve a ellos lo reconocí, porque es un amor igual en intensidad, aunque distinto, y en cierto sentido opuesto. Yo sentía que a mí nada me podía pasar si estaba con mi papá. Y siento que a mis hijos no les puede pasar nada si están conmigo. Es decir, yo sé que antes me haría matar, sin dudarlo un instante, por defender a mis hijos. Y sé que mi papá se habría hecho matar sin dudarlo un instante por defenderme a mí. (p. 12)

Hay una cadena familiar que no se ha roto. Los asesinos no han podido exterminarnos y no lo lograrán porque aquí hay un vínculo de fuerza y de alegría, y de amor a la tierra y a la vida que los asesinos no pudieron vencer. Además, de mi papá aprendí algo que los asesinos no saben hacer: a poner en palabras la verdad, para que ésta dure más que su mentira. (p.259)


Los peces no cierran los ojos




Quizás debería empezar diciendo que pocos narradores me conmueven tanto como Erri de Luca.

Quizás debería hablar del temblor que me provoca ese universo austero, profundo, silencioso, que ha creado. Desde que descubrí Montedidio, por azar, como suelen aparecer las mejores páginas, me he vuelto una lectora amorosa de cada uno de los libros de este napolitano, estudioso del hebreo y del yidish, lector de la Biblia, militante de Lotta Continua, obrero, albañil, alpinista.

Quizás debería contarles de la melancolía. ¿Será la melancolía lo que más busco en los libros (como otros buscan diversión o reflexión, emociones, humor o tensión)? O será que hoy llueve y la casa está callada.

Esta tarde leí su novela más reciente – Los peces no cierran los ojos (Seix Barral, 2012) – y me he quedado en ese estado de suspensión que me provoca la buena poesía. También aquí, como en todo lo que escribe, hay un origen autobiográfico (“Inventar me parece un abuso de confianza”, ha dicho). Y también aquí, como en varios de sus otros libros (Montedidio, El día antes de la felicidad), hay un niño que se vuelve adulto. Novela de iniciación Los peces… marca el fin de la infancia a través del conocimiento del amor, del despertar del propio cuerpo y de la noción de justicia.

Acompañando a este niño de diez años - porque la vida cambia cuando empezamos a tener edad de dos cifras - está la madre. El padre, que se ha ido a América a intentar abrir nuevos caminos para la familia, está presente a través de sus libros, de su biblioteca.

Sobre la relación con su propia madre, Erri de Luca ha dicho:
Los ausentes tienen necesidad de una voz que los llame sacándolos de la ausencia y los obligue a estar ahí nuevamente, al menos lo que dura una canción. Mamá de cenizas amontonadas en el campo, nuestras noches de marzo, la jeringuilla lista para extraer la espina del dolor, la habitación de paso donde a la vida le costaba acabar y los dedos no querían soltarse. Mamá que me vuelve huérfano de viejo. Me posaba su mano tibia y exhausta sobre la frente  y así volvía a respirar tranquilo.

Será que hoy llueve y la casa está callada.

También sobre la madre escribe y protagoniza el cortometraje “Di la dal vetro”, cuyo trailer pueden ver aquí:

http://youtu.be/okxw--p4cmw





Comparto con ustedes uno de los artículos que he escrito sobre Erri de Luca: http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/3206/pdfs/94_95.pdf

Un autor al que vale la pena acercarse.


Borges y la Guerra de Malvinas

JUAN LÓPEZ Y JOHN WARD Les tocó en suerte una época extraña. El planeta había sido parcelado en distintos países, cada uno provisto de lealtades, de queridas memorias, de un pasado sin duda heroico, de derechos, de agravios, de una mitología peculiar, de próceres de bronce, de aniversarios, de demagogos y de símbolos. Esa división, cara a los catógrafos, auspiciaba las guerras. López había nacido en la ciudad junto al río inmóvil; Ward, en las afueras de la ciudad por la que caminó Father Brown. Había estudiado castellano para leer el Quijote. El otro profesaba el amor de Conrad, que le había sido revelado en una aula de la calle Viamonte. Hubieran sido amigos, pero se vieron una sola vez cara a cara, en unas islas demasiado famosas, y cada uno de los dos fue Caín, y cada uno, Abel. Los enterraron juntos. La nieve y la corrupción los conocen. El hecho que refiero pasó en un tiempo que no podemos entender. Jorge Luis Borges, 1982

El insomnio de la memoria


El insomnio de la memoria[1]
Sandra Lorenzano

¿Cómo hablar de las ausencias?
¿Con qué palabras llenar el vacío?
Tartamudear, susurrar, balbucear
No hay otra respuesta.
Los ojos desmesuradamente abiertos, la boca abierta y extendidas las alas.
Ruina sobre ruina.
Sólo
el nombre de su hijo tatuado en el antebrazo.
Por ti, hasta la vida.
Huellas. Marcas. Cicatrices.
Concierto de voces insepultas en el insomnio de la memoria
Un nombre.
Uno / dos / tres nombres
            Yo quería mencionarlos a todos
Uno / dos / tres por todos los compañeros
                                   Por los cuarenta y nueve
El humo lo cubría todo
Leche negra del alba
Cavamos una tumba en los aires
una tumba en las nubes
¡Saquen a los niños! Se me abrazan a las piernas. ¡Sáquenlos de aquí!
Como si el cuerpo de cada uno de nosotros
fuese tu cuerpo
Humo espeso
            Huyen los pájaros
No quedará ninguno en nuestras plazas
Una tumba en las nubes
¡Saquen a los niños!
                                               Se muere con demasiada facilidad
Huyen los pájaros. Se oscurecen los cuerpos.
¿De qué te quejas?
Cavamos una tumba en el aire.
¿Por qué soy yo y no soy tú? ¿Por qué estoy aquí y no allá?
¿Cuándo empezó el tiempo y dónde acaba el espacio?
El murmullo crece. El susurro. El balbuceo.
En el principio era el humo.
Humo para una mortaja. Negro como el hollín. O bien ligero y gris, casi vaporoso. Como un presagio.
Como una despedida.
Los pájaros vuelan enloquecidamente
                        Ausentes      borrados    Se me abrazaban a las piernas
                        Como pude me los iba quitando
Concierto de voces insepultas.
.
Abril de 2010


[1] Ejercicio de poesía documental que suma las voces de los padres y testigos del incendio de la Guardería ABC de Hermosillo, Sonora (julio de 2009), y las palabras de Paul Celan, Ossip Mandelstam, Ana Ajmátova, Jorge Semprún, Esther Seligson, Walter Benjamin, Gilles Deleuze, Elías Canetti.